sábado, marzo 10, 2007

CALÍGULA por José Rodríguez de la Borbolla

Un último artículo para terminar esta semana de vergüenza.


Calígula fue uno de los personajes más monstruosos de la historia de la humanidad. Inició su mandato gozando del cariño de la plebe, aunque parece que llegó con trampa al ejercicio del poder (algunos dicen que fue él mismo el que mató a su tito Tiberio). Se dedicó, por una parte, a excitar el cariño del público por todos los medios que granjean la popularidad, mientras que, por otro lado, no mostraba respeto por nada ni por nadie. «Que me odien con tal que me teman», dice Suetonio que era una de sus frases favoritas.

Calígula dilapidó el tesoro público, apropiándose de todo en su propio beneficio; quiso que se ignorara toda la historia anterior a él mismo, pues «su envidiosa malignidad, su crueldad y su orgullo se extendían a todo el género humano y a todos los siglos», según expresa Suetonio; persiguió, vejó y ordenó eliminar a los romanos más nobles; nunca cuidó de su pudor ni del ajeno, pues carecía de principios y despreciaba los valores asentados en la sociedad; y, para conseguir riquezas, recurrió a todos los medios posibles, como la rapiña y el fraude. A tal nivel llegaba su desprecio por todo, su insaciabilidad y su prepotencia, que quiso hacer que su caballo favorito, Incitatus, accediera al consulado, la máxima magistratura de Roma.

A pesar de que era un loco, un criminal y un pervertido, había gentes que se lo permitían y se lo reían todo. Hasta que llegó un día en que algunos miembros de la guardia pretoriana, su entorno más próximo, decidieron que, para salvar a Roma y a los romanos, había que quitárselo de en medio. A partir de ahí, la cosa de los emperadores romanos fue mejorando poco a poco, hasta que llegamos a Trajano y Adriano, con quienes se llegó al Siglo de Oro del Imperio.

El otro día, cuando vi el busto de Lopera presidiendo el palco del Real Betis Balompié, me acordé de Calígula. Uno quería divinizar a su caballo y otro endiosa a su busto. En ambos casos, se expresa desprecio por todo y a todos. En ambos casos, con indignidad de los circunstantes. Desde entonces siento una infinita vergüenza propia. Los que puedan, tienen que hacer algo. El Betis está en peligro, a pesar de ganar en La Coruña. Con Calígula y a pesar de Calígula, los legionarios romanos seguían haciendo su trabajo, sobre todo si les pagaban.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde?

José Rodríguez de la Borbolla, ex presidente de la Junta de Andalucía

1 comentario:

Javi dijo...

Buena comparación. El lio que se ha montado con Del Nido y el busto de Lopera me ha parecido excesivo.