domingo, mayo 21, 2006

EL FÚTBOL ES EL APIO DEL PUEBLO por Francisco Correal

Si Artur Mas y Joan Saura creen que el triunfo del Barcelona en la Liga de Campeones puede redundar en un apoyo hacia el Estatuto –no hagamos preelectoralismo recordando que en los ocho años de Gobierno Aznar el Madrid obtuvo tres trofeos continentales–, a partir de esa visión tan terrícola del fútbol que en boca de estos políticos lo convierte en el apio del pueblo podemos deducir que el abrazo sincero y de estación de tren que Xavi Hernández le dio a la reina Sofía minará la soberbia de Esquerra Republicana. Ese real abrazo en la noche de París, que suena a canción de La Unión inspirada en un relato de Boris Vian, es más demoledor para los de Carod-Rovira que la remodelación del Gabinete.

Terminó el fútbol y empieza el Mundial. Terminó Cristo y empieza Dios. Ayer oí a un erudito a la violeta mofarse en una emisora de los que defienden como derecho inalienable la visión en abierto de los partidos del Mundial. Justo después de su comentario, esa misma emisora pregonaba la conveniencia de abonarse a la televisión de pago para ver los partidos. Cosas veredes. En 1974 había dos Alemanias y una sola cadena de televisión, vivía Franco y pudimos ver todos los partidos de aquel Mundial de Alemania; 32 años después, hay una sola Alemania y un sinfín de cadenas, pero el que no pague o piratee o lo convoque Luis Aragonés se queda sin Mundial, o termina como terminamos hace cuatro años, en el Mundial de los bares. Haciendo nuestra la sentencia de Antonio Díaz-Cañabate en Historia de una taberna: "Las desgracias no entran en la taberna; los desgraciados, sí".

Señor erudito a la violeta, pánfilo de la mercadotecnia, althuseriano a la remanguillé: el Mundial de Fútbol es la medida exacta de los bisiestos del alma. La máquina de precisión en la que se ajustan nuestros recuerdos, la frecuencia de nuestro crecimiento. A Sebastiao Salgado, fotógrafo brasileño, nadie le tiene que dar lecciones de solidaridad, porque se ha pasado media vida contando con su cámara de fotos los desgarros de la guerra y del hambre, las secuelas de la barbarie y del genocidio. Hace unos años le dieron un premio muy importante por su trabajo. Era año de Mundial y el periodista le preguntó por sus planes futuros, esperando que Salgado le diseñara su itinerario de guerras y miserias. Le respondió al periodista que era brasileño y que su proyecto inmediato era encerrarse en su casa para ver todos los partidos del Mundial.

En el primer Mundial de mi memoria, Inglaterra 66, el recuerdo iniciático coincide en nombre y apellido con el que abre esa caja de tesoros balompédicos que es el libro de Nick Hornby Fiebre en las gradas, la historia de una pasión por los colores del Arsenal, equipo londinense que dándole la vuelta a la gamberrada dialéctica del antibarcelonismo ha ganado las mismas Copas de Europa que el Logroñés, el Calavera o el Vandalia de Peligros. Ese recuerdo se llamaba Gordon Banks, el portero inglés de rasgos chinescos. Infancia, adolescencia, juventud, madurez saltan de cuatro en cuatro años. La legislatura más milimétrica. Proust redivivo.

3 comentarios:

Martí Perarnau dijo...

Es difícil expresarse mejor que Correal. Fantástico artículo, maravilloso, deslumbrante. Los franceses dirían de él: "Epoustouflant", aunque lo escribirían con acentos.

Bravo.

Anónimo dijo...

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