domingo, abril 04, 2010

MESSI Y MARADONA EN EL DIVÁN por John Carlin


"A ver si es verdad que va a ser mejor que yo". Un no del todo feliz Diego Maradona, a un compañero, tras un gol de Messi contra Francia en febrero de 2009.


Opinando sobre la brillantez sin adjetivos de Leo Messi el otro día, un bloguero inglés ofreció la siguiente reflexión: que la única fuerza en el universo capaz de parar al argentino era su compatriota, y seleccionador, Diego Maradona.

Sobre el campo nadie está a la altura porque el secreto consiste no en pararlo con los pies, sino con la cabeza. Hay que penetrar el cerebro de Messi e influir en su estado de ánimo con el propósito de diluir su altísima dosis del elixir de la vida, la confianza. El objetivo es inhibirle, hacerle dudar de sí mismo en aquellos momentos decisivos que en un partido marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre el regate certero y la pérdida del balón, entre el gol y el acierto del portero. Estamos hablando de microsegundos en los que, con la mente despejada, Leo es Leo y lo imposible se vuelve realidad. Con la mente contaminada, en cambio, incluso lo posible se le complica.

Y éste es precisamente el impacto que Maradona tiene sobre Messi. Maravillosamente perverso, se podría decir, ya que el éxito del dios argentino como seleccionador en el Mundial de Suráfrica dependerá de la capacidad de Messi de jugar a su más alto nivel. Un Messi liberado y feliz es capaz de llevar a Argentina a la conquista de la Copa del Mundo, como hizo Maradona el jugador en 1986. Pero, como los argentinos no dejan de lamentarse, cuando Messi cambia la camiseta blaugrana del Barcelona por la albiceleste de su selección se convierte en un ser triste, flojo, enjaulado.

El problema no es el color de la camiseta; la kriptonita del supermán es Maradona. ¿Será consciente Maradona del impacto destructivo que está teniendo sobre Messi, y sobre sí mismo como seleccionador? Con toda seguridad, no. Maradona es muchas cosas pero nadie jamás le ha acusado de ser un Sócrates de la reflexión. Entonces, no nos queda más remedio que recurrir al resorte favorito de la clase media argentina, el psicoanálisis.

El mensaje que el inconsciente le transmite a Diego va a algo así: soy Dios en mi tierra porque gané el Mundial de 1986 y me convertí para mis compatriotas -y para buena parte de la humanidad- en el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Mi condición de Dios depende de que mantenga ese estatus, de que no me quiten del pedestal, o de que no aparezca otro -un hijo mío, o sea de Dios- digno de compartir el panteón conmigo, o incluso de destronarme. Si dejo de ser considerado como el mejor, como el argentino más admirado de la historia, dejo de ser yo. Porque yo no soy yo, sino una noción fabricada en la mente de los argentinos que yo también me he creído. Con lo cual, si dejo de ser el único y verdadero Dios, pierdo mi identidad. Ya no sabré quién soy. Porque no hay nada más.

El destino de Argentina en el Mundial dependerá de si Maradona es capaz de imponer la razón a las poderosas fuerzas que emanan de su inconsciente, tarea que es muy difícil, aún para gente normal. La razón, en este caso, consiste en hacer lo humano y lo divino para que Messi se sienta tan bien jugando para su selección como cuando juega para el Barcelona; en dejar de hacer lo que Maradona ha estado haciendo, que es minar su confianza transmitiéndole mensajes ambiguos, declarando un día que es un chupón, otro que todo depende de él. Que se fije en Pep Guardiola, el entrenador del Barça, que mima a Messi en privado, seguro, y en público no deja a) de elogiarle; b) de recordar que el peso de los resultados recae en todo el equipo, no sólo en él.

La pregunta, entonces, es, ¿cuántas ganas tiene Maradona realmente de ganar un Mundial como seleccionador? El desafío consiste en anteponer los intereses de la patria al ego que la patria tanto ha hinchado. Muy difícil, repetimos. Pero con el Diego, que ha frenado (se supone) su pasión por la cocaína e incluso ha vuelto del lecho de la muerte, nunca se sabe. Maradona tiene que obrar otro milagro: se tiene que vencer a sí mismo para que Messi sea invencible, en todos los colores.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

impresionante texto...

Anónimo dijo...

World_Guru dice:

Esto es exactamente lo que pienso, que nuestro Diego, INCONCIENTEMENTE, esta saboteando a Messi. Tal como lo hizo Pele con Diego. Pura naturaleza humana.

Aldir dijo...

Más claro, IMPOSIBLE! Felicitaciones por el texto.

fran dijo...

Está bueno el texto, pero es un análisis que no comparto, no me parece que el Diego esté conspirando contra Messi y que no quiera salir campeón del mundo porque eso haría que el pierda su posición como el mejor del mundo. Es absurdo, una total estupidez pensar que Maradona no quiere salir campeón del mundo como entrenador, por una simple razón: Estuvo ostigando a cuanto técnico había en el cargo de seleccionador y haciendo campaña para su propio beneficio, buscó tanto llegar a ser seleccionador que solo una mente pequeña puede llegar a pensar que no quiere ganarlo ahora que está en el cargo porque además, tiene en claro que si no tiene un buen mundial todas las críticas van a recaer sobre él... Es lo que pienso, tambien creo que a Messi hay que dejarlo libre como dice el artículo y que juegue sin presiones, mimarlo y ayudarlo, creo que así veremos un Messi como en el Barcelona y saldremos campeones caminando. Por otro lado, creo que no hay que criticar a Messi porque no hace lo mismo en la selección. Lamentablemente John Carlin, persona que admiro como escritor porque me encantó el libro "Factor Humano", no vio jugar nunca a la Argentina: Messi en la selección no tiene un Alves, no tiene un Xavi, un Iniesta, un Pedro que lo ayude y que juegue al lado de él... En la selección no tenemos laterales que proyecten, no tenemos un cinco que arme juego y lamentablemente Jonas es un tractor pero no ayuda en ataque, él unico que puede ayudarlo es Verón pero... No sé si podemos hacer que todo el fútbol recaiga sobre Verón. Nada más un abrazo

Anónimo dijo...

http://desarmandoamaradona.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Carlin nunca ha entendido ni el personaje ni el fenómeno Maradona.
Es obvio que Maradona no sabotea a Messi sino a sí mismo. las contradicciones que subraya Carlin (que un día pidiera a messi que no fuera tan individualista y al siguiente que se echara el equipo al hombro) son bien poca cosa comparada con su largo historial de contradicciones. El personaje de Maradona ES así: irracional, pagano, pícaro, procaz, provocador, ocurrente, populachero, surrealista...
Y eso choca a puritanos del commun sens como carlin, que ven en un chico como messi -un grande sí, pero más aburrido que chupar un clavo- una especie de modelo, pero la verdad es que ni a él le interesa el personaje.
Lo que sí está claro es que Maradona un pésimo técnico y que lleva a argentina a un mundial después de mil desastres y sin una idea clara del juego.