Hoy tu tiempo es real,
Este blog nace en 2004 para recoger los mejores artículos de ENRIC GONZÁLEZ en El País, El Mundo, o donde le dé la gana. A partir de ahí, aquí cabe todo aquello que pueda robar a quien quiera que escriba algo, lo que sea, que no me haga sentir imbécil cuando se hable de fútbol. JM Román
sábado, junio 23, 2007
DIEGUITO por Mario Benedetti
Hoy tu tiempo es real,
miércoles, junio 20, 2007
ESPEJISMOS FUTBOLÍSTICOS por Vicente Verdú

lunes, junio 11, 2007
LO DICE GALEANO
PD: Gracias
"El mundo intelectual siempre ha adoptado una actitud despectiva y arrogante con el fútbol y todo lo que este deporte desata como pasión colectiva. Este juego ha sido condenado por intelectuales de derecha e izquierda. En la derecha, porque, dicen, es la prueba de que el pueblo piensa con los pies; y en la izquierda, porque creen que el fútbol tiene la culpa de que la gente no piense. Por suerte, en estos últimos años la actitud ha cambiado. Muchos intelectuales han salido del armario, como dicen de los homosexuales. Tenían vergüenza de su pasión y ahora ya la muestran y hablan de ella.Siempre, claro está, que se juegue bien. Me refiero a esos partidos en los que se juega por jugar y no por ganar. El balompié es un deporte que sirve para limpiar el alma y cuidar el cuerpo."
Eduardo Galeano es escritor uruguayo
lunes, mayo 28, 2007
Historias del Calcio. ÚLTIMAS NOTICIAS

2. El Juventus, campeón de la Serie B, regresa a la máxima categoría. El entrenador, Didier Deschamps, lo celebra dimitiendo. Había pedido los fichajes de Gerrard (Liverpool), Toni (Fiorentina) y De Rossi (Roma), pero llega Iaquinta (Udinese). Buffon, el portero-mito, parece también dispuesto a marcharse. El portazo de Deschamps es acogido con fruición por la directiva: "No impediremos que se vaya". Los jugadores se declaran desolados. La directiva quiere que vuelva Marcello Lippi, pero el técnico campeón del mundo prefiere seguir en paro hasta que juzguen a su hijo Davide, acusado de pertenecer a la red mafiosa de Luciano Moggi. La fiesta juventina es aún más amarga que la interista.
3. El pequeño Chievo, representante de un barrio de Verona, acompaña a Ascoli y Messina a la Serie B. Es una de las sociedades más simpáticas, cuenta con los tifosi más pacíficos y hasta ahora desconocía el sabor del peor trago: siempre había subido, peldaño a peldaño, hasta alcanzar hace siete años la Serie A. Su propietario y presidente, el pastelero Luca Campedelli, de 38 años, encaja con dignidad un desastre que pareció improbable hasta el último minuto. Hace honor a su padre, el pastelero Luigi Campedelli, de quien heredó el club. El lema del patriarca Campedelli está enmarcado en las oficinas: "Es mejor callar y parecer tonto, que abrir la boca y despejar cualquier duda al respecto".
4. Totti anota dos goles en el último partido, frente al Messina, y alcanza los 26. Sólo Van Nistelrooy parece en condiciones de arrebatarle la bota de oro. Lo de Totti tiene su mérito: juega con una placa metálica y un montón de clavos en una pierna, es un centrocampista reconvertido en ariete y ha fallado siete penaltis (el último, ayer).
5. El Redemptoris Mater gana la Clericus Cup, la liga vaticana. Los futbolistas del Redemptoris forman parte del Camino Neocatecumenal del español Kiko Argüello (los llamados kikos) y se alzan con la final gracias a un gol de penalti injusto que provoca una tangana. El árbitro, tras varias tarjetas amarillas, disculpa las protestas de la derrotada Universidad Lateranense: son curas, pero esto es una final, explica. Matiocco, el jugador más popular del Red Mat (nombre con que se conoce al Redemptoris), no juega el partido decisivo, pero desde la grada le animan lo mismo: "Juegue bien, juegue mal, Matiocco cardenal".
Este corresponsal concluye sus historias, da las gracias y se despide.
No he leído nada al respecto sobre lo que parece un final. No sé si Enric desarrollará su trabajo como corresponsal en otro lugar del mundo, si se ha cansado de deleitar semanalmente con esas historias que hacen del calcio, o del fútbol, algo muy distinto a lo que se estila en tantas páginas de periódicos (por no hablar de otros medios), o si es que abandona El País. Ni idea. Tal vez me esté equivocando y tan sólo sea la despedida de la temporada, pero tengo la impresión que no es así.
Este blog se creó para ir guardando, para consumo propio, esos extraños artículos, irónicos y divertidos, brillantes e ilustrados, que un día descubrí en las páginas de Deportes de El País, y que desde ese momento me hicieron totalmente dependiente de su lectura semanal obligatoria. Ahora me planteo si tiene sentido continuar esto sin las Historias (así, con mayúsculas) que se han ido robando cada lunes. Probablemente siga, y continúe recogiendo pequeños o grandes relatos que pretendan hacer del fútbol algo más que una mera banalidad, en muchos casos carente de cualquier sentido próximo a lo racional. Ahora mismo no lo sé, ya que acabo de leer el artículo y sacar esa conclusión.
En definitiva, si así fuera (ojalá que no) sólo quería dejar constancia de mi admiración y gratitud por el placer que Enric González me ha proporcionado estos años desde su rincón de los lunes, descubriendo tantas historias paralelas y transversales en torno al mundo del fútbol y, simultáneamente, a un país tan “sui generis” como Italia. Y es que, aparcando clichés y tópicos que giran (no sin razón) en torno al periodismo “futbolístico”, estas Historias iban mucho más allá de todo eso, algo que, sin duda alguna, muchos de los que por aquí pasaron van a echar mucho de menos, estoy seguro.
Por todo, y esperando seguir leyéndolo, sólo quería decirle a “ese corresponsal”: gracias por todas y cada una de las Historias del Calcio que nos ha regalado.
lunes, mayo 21, 2007
Historias del Calcio. LA EXPIACIÓN Y LA SOBERBIA

El mérito del Juventus queda fuera de discusión. Atravesar de punta a punta el infierno de la Serie B en un solo año resulta muy difícil incluso para un equipo abundante en campeones. Y hacerlo con un lastre de nueve puntos negativos complica más las cosas. Ayudaron las rebajas disciplinarias (la penalización inicial era de 30 puntos) y alguna benevolencia arbitral (ningún árbitro quiso cargar con la responsabilidad de retardar el regreso de la Señora, la reina del calcio), pero eso no limita la condición heroica de quienes se quedaron en el equipo para luchar y enfangarse. Tipos como Del Piero, Nedved y Buffon se han ganado el reconocimiento eterno de la parroquia blanquinegra.
Alessandro del Piero, de 32 años, futuro dirigente de la sociedad turinesa, exultó al concluir el partido contra el Arezzo. El 1-5 les colocaba de nuevo en la Serie A. Del Piero, con 20 goles esta temporada, fue el mejor símbolo del mejor Juventus: recordó que se había "expiado una pena" y se declaró "absolutamente feliz". Dijo lo que había que decir, con una sonrisa. Quizá no sea el mejor futbolista italiano de su generación, pero es de largo el más inteligente y el más simpático.
Era necesario recordar que la Juve había tenido que expiar las culpas de su ex director general, Luciano Moggi. No bajó de categoría por arte de magia, sino como castigo por varias temporadas de manipulación arbitral, corrupción de dirigentes federativos y, en palabras de un fiscal, "comportamiento típicamente mafioso". Era necesario expiar para redimirse. Y las desgracias no fueron sólo deportivas: la muerte de Romeo, el viejo utillero; el intento de suicidio de Pessotto; la tragedia que acabó con la vida de dos muchachos del equipo juvenil, ahogados en un estanque junto al campo de entrenamiento...
Los futbolistas y la renovada directiva ya han cumplido. Más allá, en el universo forjado por los sueños de un demente, hay quien no ha cambiado. El sábado, un centenar de tifosi se congregaron en el centro de Turín para negarlo todo. Moggi no hizo nada malo, el Juventus jamás gozó de favores arbitrales, todo fue una conspiración. Habrá quien lo crea toda su vida. No importa. La soberbia irracional suele costar muy cara en la realidad. En el mundo onírico del fútbol sale casi gratis. Sólo un puñado de personas celebraron la difícil proeza del ascenso, y lo hicieron de la peor forma. Lástima. El equipo de la redención merecía algo más.
El nuevo utillero, Franco Monetta, fabricó unas camisetas para celebrar el retorno. Eran de color rosa, el color fundacional del Juventus, y llevaban la inscripción "B...astA". El entrenador, Didier Deschamps, no quiso ponerse la camiseta conmemorativa. "El rosa es feo; en Francia, es el color de los maricones", dijo. Inteligencia, tacto y humildad. Si hay que guiarse por Deschamps, la Juve, el club más glorioso del calcio, ha vuelto a la Serie A con toda su simpatía de siempre.
lunes, mayo 14, 2007
Historias del Calcio. JOE RED

Sólo quedaba confiar en el futbolista recién llegado desde Manchester. Había que tener fe en ese hombre, que había debutado el 21 de enero y había hecho justo lo que se esperaba de él: puso orden, marcó un gran gol e hizo que el Parma lograra su primera victoria en 10 partidos. Demostró que podía jugar como centrocampista, como punta y como extremo. Su experiencia se lo permitía.
En las semanas siguientes, el nuevo líder del equipo se lo echó todo a la espalda. ¿Un penalti a favor en el último minuto? Ningún problema, ahí estaba Joe para marcar. ¿Un gol imposible en el minuto 91? Ningún problema, Joe cazaba un balón al vuelo fuera del área y hacía un destrozo en la red del Livorno. Joe corría, sonreía, distribuía balones sin fallar nunca, animaba a los demás y resolvía marcadores. Ayer consiguió su noveno gol. Y el Parma empezó a pensar que la salvación estaba hecha.
Joe, el héroe tranquilo y cargado de experiencia, acaba de cumplir 20 años. Nació en Nueva Jersey, hijo de inmigrantes italianos. La familia regresó a Italia y colocó al chico en los alevines del Parma, donde creció como futbolista. Aquél era un Parma potente. Su propietario, el magnate Calisto Tanzi, dueño del holding alimentario Parmalat, reunió en el equipo a gente como Buffon, Cannavaro, Thuram y Crespo. Aquéllos fueron los ídolos del pequeño Joe. En 2004 se produjo el desastre: se descubrió que Parmalat era un colosal fraude financiero, el magnate Tanzi fue a la cárcel y la sociedad futbolística, comisariada por el Gobierno al igual que el resto del holding, liquidó todo lo vendible. Uno de los que se fueron al final de esa temporada negra fue el pequeño Joe. El Manchester United se lo llevó por sólo 200.000 libras esterlinas.
El nombre de Joe es Giuseppe Rossi, el más común en Italia. En Estados Unidos le llamaban Joe, y en Manchester tradujeron también el apellido: Joe Red. Alex Ferguson le hizo debutar de inmediato en el primer equipo y no le tuvo nunca en el banquillo: si no era titular con los mayores, lo era con los juveniles. En la temporada 2005-06 marcó 26 goles en 26 partidos. Luego fue cedido al Newcastle, para que siguiera fogueándose en el campeonato más competitivo del mundo. Ferguson le definió de forma categórica: "En las cercanías del área es el jugador más eficaz de todo el club". Sabiendo lo que tienen los red devils, eso fue más que un elogio.
Giuseppe Rossi, Joe Red, volverá a Inglaterra en junio. El Manchester United necesita a futbolistas curtidos como él, capaces de manejarse igual de bien en los grandes espacios británicos y en las estrechas callejuelas del calcio para alcanzar la cima europea.
sábado, mayo 12, 2007
LA INCREIBLE LIGA DE MR O'CONELL por Victorio Duque de Seras

-Lo siento, míster. El Madrid nos está presionando para que os ganemos. Nuestro presidente, José María de Cossío, que es madridista, nos da mil pesetas por cabeza si os ganamos.
No había otra opción: había que ganar en el terreno de juego. Patrick O'Connell (Dublín, 1887-Londres, 1959) recordó seguramente entonces aquel partido entre el Manchester United y el Liverpool que pasó a la historia del fútbol inglés como el más corrupto de su historia: el conocido como The fixed match (el partido amañado). Corría el año 1915 y Patrick O'Connell era el capitán del Manchester. Un grupo de jugadores de ambos equipos quedó en un pub de Manchester, y acordaron cruzar una apuesta de 8 a 1 a que el resultado final del encuentro iba a ser de 2-0 a favor del United. El partido, disputado el Viernes Santo de 1915, quedó 2-0. El capitán O'Connell tuvo la ocasión de engordar el marcador de penalti. Pero lo lanzó cerca del banderín de córner...
Alguien debió de irse de la lengua y ocho jugadores fueron suspendidos a perpetuidad. Dos de ellos murieron en la Primera Guerra Mundial, y cinco fueron perdonados al reconocer el fraude. Sólo uno, Enoch Knocher West, cumplió el castigo al mantener su inocencia toda la vida. Hoy, su nombre está en el cuadro de honor de los jugadores del Manchester United junto a los de Beckham, Cantona, Best o Bobby Charlton. O'Connell, curiosamente, salió libre sin cargos.
O'Connell, el medio centro defensivo del Manchester, se había hecho famoso al ganar la Triple Corona (torneo entre selecciones británicas) unos años antes con Irlanda por primera vez en su historia. Lo consiguió en lo que se llamó El Partido de los 9 Hombres y Medio. Aquel encuentro lo disputaron Irlanda y Escocia. A poco de empezar, Irlanda perdió a un hombre por lesión. Al no haber cambios siguieron con diez. Momentos más tarde rompen un brazo a O'Connell. El irlandés decide seguir el partido y ganar el torneo.
La vida de O'Connell tuvo siempre un destino: el fútbol. Un destino que le hizo dejar a su numerosa familia a principio de los años veinte en Inglaterra, y entrenar en España al Racing de Santander, al que logró clasificar brillantemente para la disputa del primer Campeonato de Liga en 1928. Tras pasar por el Oviedo recaló en el Betis en 1932 y en el Barcelona en 1935.
El 18 de Julio de 1936, el entrenador del Fútbol Club Barcelona pasa las vacaciones en Irlanda. Dos meses más tarde no duda en dirigirse a Barcelona a continuar su labor. Si había sobrevivido a una Guerra Mundial jugando al fútbol, podía sobrevivir a una absurda guerra civil entrenando. El republicano declarado O'Connell es protagonista de la famosa gira del Barça por México durante la contienda fratricida. Ese protagonismo le cuesta la salida del país, adonde regresa en 1940, no se sabe cómo, para entrenar al Betis y al Sevilla, instalándose definitivamente en la capital hispalense. Concretamente, en la calle Progreso número 29.
En todos esos años, la familia O'Connell, que vivía en Manchester, recibía de vez en cuando un giro postal con dinero de España. Su hijos idolatraban las fotos de un padre al que no conocían, y al que consideraban un héroe. Un 12 de junio de 1949, en Dublín, España se enfrenta a Irlanda. Un joven aficionado irlandés preguntó a la delegación española, tras el partido, si conocían a un tal O'Connell que había entrenado en España.
-Soy su hijo Daniel, y hace un tiempo que no sabemos nada de él.
Guillermo Eizaguirre, el seleccionador, es sevillano. Le dice que O'Connell vive en Sevilla. Aquel aficionado irlandés reúne el dinero suficiente y un año más tarde viaja en busca del padre desconocido, al que no veía desde hacía treinta años. Ese viaje está contado por el propio Daniel en un relato titulado Viaje a Sevilla en Tercera Clase.
Al llegar, lo que Daniel soñaba como un cálido recibimiento se torna en trato frío y distante. O'Connell le cita en el Parque de María Luisa. Lo primero que hace su padre no es preguntarle por la familia, sino por la marcha del Manchester United. Daniel es presentado en sociedad en Sevilla como el sobrino de O'Connell. Los indicios se convierten en certezas en la cabeza del joven. Empieza a entender que su padre tiene otra familia en Sevilla. Las preguntas del recién llegado se suceden vertiginosamente:
-Papá, ¿cómo es España?
-España es como un partido de fútbol en el que los dos equipos intentan corromper al árbitro.
-Papá, ¿cómo es Sevilla?
-Sevilla es un lugar donde la gente vive como si se fuera a morir esta noche.
-Papá, ¿es cierto que ganaste la Liga con el Betis?
-Sí. Un 28 de Abril de 1935, en Santander. Ganamos 0-5. Era la Feria de Abril, la fiesta de aquí.
-Papá...
Daniel nunca se atrevió a hacerle a su padre la pregunta definitiva. El mito se había humanizado cruelmente en aquel viaje a Sevilla. La madre de Daniel nunca lo supo o nunca lo quiso saber, y amó al ausente capitán del Manchester United hasta el fin de sus días. El 28 de abril de 2007, Feria de Abril. En Sevilla se inaugura un monumento al equipo del Betis que llevó la Liga a la Feria en 1935. Gracias, Mr. O'Connell.
lunes, mayo 07, 2007
Historias del Calcio. EL FINAL DE LA PRIMAVERA

Dos años atrás, en 2005, el calcio siciliano empezó a disfrutar de una primavera deliciosa. Palermo y Messina se encontraron en la Serie A y un soplo de aire cálido llenó los estadios. Las gradas de Palermo y Messina vibraban de entusiasmo. El aparente renacimiento se completó en 2006 con el ascenso del Catania. Tres equipos en la máxima categoría: sólo la región más rica de Italia, Lombardía, tenía con el Inter, el Milan y el Atalanta un peso igual al de Sicilia.
Una historia edificante simbolizó esa primavera. Fue la de Giuseppe Sculli, un prometedor muchacho siciliano que jugaba en el Verona y acababa de alcanzar la internacionalidad sub 21. Sculli era nieto de Giuseppe Morabito di Africa, uno de los principales jefes de la mafia calabresa, la N'drangheta. Tras 12 años en paradero desconocido, Morabito di Africa fue detenido en el estadio del Verona: la policía supuso, con acierto, que el mafioso no resistiría la tentación de ver jugar a su nieto y distribuyó agentes entre el público.
El joven Sculli fue fichado por Luciano Moggi para el Juventus, pero la detención del abuelo le hundió anímicamente. Lucianone, que, como se supo después, tenía mucha mano en muchas cosas, decidió que a Sculli le convenía un periodo de rehabilitación en el Messina. Allí jugaba Gaetano d'Agostino, hijo de un arrepentido de la Cosa Nostra y, como tal, condenado a muerte por la mafia. D'Agostino tenía la misma edad que Sculli y se había visto obligado a abandonar el Roma, en el que se entrenaba con escolta, por causas más graves que las de Sculli. Los aficionados acogieron con calor a los dos muchachos. D'Agostino, centrocampista, y Sculli, atacante, recuperaron un buen nivel. Este espacio recogió la historia de los dos refugiados en septiembre de 2005.
La buena temporada del hijo del arrepentido y del nieto del jefe mafioso llamó la atención de otros equipos. Un año después, sus destinos se separaron. D'Agostino se fue al Udinese. Ayer jugó y perdió frente al Cagliari. Sculli se fue al Génova, a punto de ascender a la Serie A, pero ayer no jugó. Lleva tiempo sin hacerlo.
Poco después de llegar a Génova, Giuseppe Sculli fue acusado de asociación para delinquir (típico delito mafioso) por un juez de Reggio Calabria. Luego, fue acusado de participar en una campaña de amenazas contra los habitantes de Bruzzano Zefirio, un pueblecito calabrés, encaminada a conseguir la reelección de la alcaldesa Rosa Marrapodi, presunto peón de la N'drangheta.
Sculli está pendiente de proceso. No juega porque también se descubrió que, cuando formaba parte del Crotone, había amañado un partido para que ganara el rival, precisamente el Messina. El pasado 28 de noviembre, la justicia deportiva le descalificó por ocho meses.
La primavera de Sculli, aquel chico que parecía la víctima inocente de los delitos de su abuelo, duró muy poco. También resultó breve la primavera del Messina, que ayer, vencido 0-1 por un Inter desganado, perdió toda esperanza de salvación. El Messina, como el Ascoli, penará en la Serie B la temporada próxima. El Catania, castigado por los terribles disturbios de febrero, en los que murió un policía, está a sólo tres puntos del descenso. Y el Palermo, que allá por diciembre parecía aspirar al scudetto, lucha por conseguir una plaza en la Copa de la UEFA.
Se acabó la primavera de Sicilia.
martes, mayo 01, 2007
Historias del Calcio. EL BAÑO
La gente giallorossa tiene aún clavada en el corazón la estaca de Manchester. Aquel 7-1 dejó por los suelos su discreto prestigio internacional y propició decenas de chistes. Menos abrumador, pero no menos doloroso, fue el rotundo 3-0 con que el Lazio ganó el derby de la primera vuelta. Aunque la clasificación final favorezca al Roma, los enfrentamientos directos y el 7-1 inglés pintan una sonrisa en los labios laziales.
Pero hay que tener en cuenta el baño. Lo del baño ocurrió el 10 de diciembre, inmediatamente después del primer derby de la temporada. Delio Rossi, el entrenador del Lazio, prometió a sor Paola, monja de gran autoridad entre los tifosi del equipo, que, en caso de victoria, se daría un chapuzón en la fuente del Gianicolo. No le importaba el frío: Rossi, por entonces aún muy discutido por el despido de Paolo di Canio (el de los saludos fascistas), quería demostrar que estaba dispuesto a dar la salud por la bandera blanquiceleste.
Delio Rossi cumplió su palabra. Esa misma noche, con el cuerpo caldeado por la victoria, el técnico subió al Gianicolo y, rodeado de cámaras, se zambulló en el agua. Concluida la experiencia y bien envuelto en un albornoz, comentó que el agua de la fuente no estaba tan fría como esperaba.
A la mañana siguiente, el diario El Romanista (el nombre hace innecesaria una explicación sobre su tendencia) salió a la calle con un titular en romanesco: "A Delio Rossi, ce sei cascato!". ¿En qué trampa había caído el pobre Rossi? El diario lo explicaba con todo lujo de detalles.
Según El Romanista, en cuanto el árbitro silbó el final, unos 40 romanistas corrieron hacia el Gianicolo y descargaron su frustración sobre la fuente. Por decirlo de otra forma, orinaron en ella hasta deshidratarse. Poco después llegó Rossi. Y encontró el agua calentita.
No existen imágenes de la hazaña mingitoria y es posible que no ocurriera. Pero la broma, cierta o falsa, dio la vuelta al ruedo en todos los medios informativos. La leyenda del baño templado circulará mientras existan tifosi.
Delio Rossi no prometió nada para el derby de ayer. Y difícilmente volverá a proclamar urbi et orbe su intención de bañarse en una fuente romana. El hombre se equivocó en eso.
Durante todo el año ha confirmado, por otra parte, que es la gran revelación de los banquillos. Fue un jugador mediocre y se estrenó como técnico profesional en 1993, con la Salernitana: el público le pitó ya en el primer partido amistoso y, sin embargo, esa temporada consiguió el ascenso a la Serie B. Pasó sin pena ni gloria por el Foggia (1995) y el Pescara (1996) y en 1997 regresó a la Salernitana: logró un nuevo ascenso, a la Serie A. Se declara alumno de Zeman, profeta del fútbol ofensivo, y saca petróleo de cualquier plantilla. Lo demostró el año pasado, llevando al Lazio a la Copa de la UEFA, y lo ha demostrado éste, enganchando el equipo a la Champions.
Carece de carisma y su sentido de la higiene resulta discutible. En cuanto a lo demás, sabe lo que se hace.
Enric González es autor de Historias del Calcio
viernes, abril 27, 2007
Historias del Calcio. FIN DE SIGLO

Ha sido una temporada redentora. Hacía falta que la sociedad turinesa pagara por años de abusos. El descubrimiento de los amaños de Moggi fue casual (el teléfono interceptado de un mafioso) y podría no haber ocurrido, lo que subraya su calidad casi milagrosa. La afición juventina ha soportado un castigo severo; a cambio, no tendrá que soportar reproches la temporada próxima. El Juventus ha pagado y está limpio. La Vieja Señora podrá retomar con tranquilidad su vocación victoriosa. También se ha redimido el Inter: hacía falta que ganara de una vez para terminar con cientos de chistes viejos sobre su impotencia.
Dado que la vida nunca es perfecta, el Inter ha obtenido el scudetto igual que la última vez. Como en 1989, La Bienamada se ha salido de la tabla. Todo estaba ya cantado en febrero. El Inter no sabe dar drama a sus victorias.
Esto último es una reflexión típicamente interista. El aficionado negriazul siempre encuentra objeciones. Esta vez hay muchas: faltaba el Juventus en el campeonato, pasó lo que pasó en Valencia, se perdió el partido con el Roma, el título llegó en campo ajeno... Se trata, tal vez, de falta de costumbre. A ganar se aprende ganando. Y a perder, perdiendo.
En materia de derrotas, como se sabe, el interista es experto. En el pasado reciente cuenta con dos obras maestras del género. La del 26 de abril de 1998 se distingue por una crudeza estilizada: en el encuentro decisivo para el título, a falta de tres jornadas, se enfrentan el Juventus y el Inter, separados por un punto. En el momento decisivo, el defensa Iuliano derriba a Ronaldo dentro del área con una fogosidad casi sexual. El árbitro, Ceccarini, deja seguir el juego y en la misma jugada, segundos después, pita un penalti a favor del Juventus. Inolvidable.
Desde el punto de vista del desarrollo argumental, lo del 5 de mayo de 2002 fue todavía mejor. Jornada final del campeonato. Inter, 69 puntos; Juventus, 68; Roma, 67. El Inter debe ganar al Lazio en el Olímpico para asegurarse el scudetto y la afición laziale desea con todas sus fuerzas la victoria del adversario: no quiere que una carambola de último minuto favorezca al Roma. El Olímpico se entrega al Inter desde el primer momento y los jugadores del Lazio cooperan. Marcan Vieri y Di Biagio para el Inter, pero Poborsky, que no entiende de las cosas romanas, marca dos goles para el Lazio. El Inter percibe la inminencia de la tragedia y, siguiendo su instinto, se arroja de cabeza hacia ella. Simeone, ex interista, casi sin querer y sin celebrarlo, firma el 3-2. La cosa acaba en 4-2 con las dos aficiones amargadas. La del Inter, más, evidentemente. El scudetto de 2002 fue para el Juventus. El Roma quedó segundo.
El mal sabor de boca duró hasta ayer mismo.
domingo, abril 22, 2007
¡AL SUELO, QUE VIENE MOURINHO! por Julio César Iglesias
Desde los mentideros del Bernabéu llega un rumor que huele a gomina: el Madrid quiere cambiar a Capello por Mourinho. Quizá se trate del clásico infundio primaveral, o más exactamente de un soplo para mover el banquillo, pero algunos de los mayores disparates que recordamos comenzaron así: un bulo para tantear a la afición, una cita en la ruta del bacalao, un par de comisiones bajo mano y ahí llega el tipo que se tragó la estaca.
Por si el supuesto se confirma, es oportuno decir que esta criatura tan enfadada representa un caso de transformismo sin precedentes. Durante su etapa como traductor de Bobby Robson en Barcelona fue un chico encantador: sonreía por precaución, llevaba de la mano a los niños que buscaban un lugar en la foto y tonteaba con los periodistas como un novio; era el perfecto candidato a un puesto de venta de limonada. Luego volvió a su país, hizo campeón al Oporto, declaró que en tres años había conseguido tanto como el Barça en un siglo, se caló la gorra de plato, se bordó unos galones en la bocamanga y dos días después se había convertido en el chusquero más zafio del cuartel. ¿Sufrió un empacho de celebridad o llevaba dentro el personaje desde la infancia?
Estaba cantado que alguien como él sólo podría ser el paladín de algún nuevo rico. De pronto apareció Roman Arkadievich Abramovich, uno de esos rusos sin pasado que empiezan vendiendo petróleo y terminan comprando un equipo inglés, y le hizo una oferta que no pudo rechazar.
Ya en Londres tardó poco en orientarse: descubrió rápidamente el bolsillo en que guardaba la chequera su patrón, empezó a pedirle futbolistas de carga y montó un equipo italiano en mitad de la Premier League. Ahora dicen que el hombre del mazo ha echado cuentas y está mordiéndose la lengua: es cierto que el Chelsea ha ganado algún título, pero, a despecho de una inversión descomunal y de su estricto cumplimiento de las peticiones del entrenador, no consigue superar el juego del Liverpool y se bate en retirada ante el Manchester United. Desde el fondo de su conciencia, es decir, desde su cuenta corriente, este mecenas con aire de bibliotecario ha decidido que José Mourinho no ha sido una buena operación: entre periodistas y acreedores le ha valido dos docenas de enemigos y le ha salido tan caro como el divorcio. Por eso ha dicho que la caja fuerte queda precintada; que no piensa gastar ni un penique más en corredores de maratón.
Si Mourinho viene, lo probable es que el Bernabéu siga siendo el teatro más aburrido de la capital y que el espectáculo siga estando en la sala de prensa. Salvo que cambie mucho, este hombre con piel de almendruco ofrece una dudosa garantía: dará portadas, pero dará sueño.
Conclusión: fichar a Mourinho es comprar a Capello por segunda vez. En resumen, una capellada.
Nota: Con respecto al artículo, y sin quitarle un ápice al personaje que él mismo se ha creado, creo que es de recibo reconocer todo lo conseguido por Mourinho con el Oporto, donde lo ganó absolutamente todo, como con el Chelsea, porque no sólo un inmenso talonario da los títulos deseados como insinua el autor.
martes, abril 17, 2007
Historias del Calcio. GRUÑIDO

Había que ver las caras al día siguiente, cuando el estupor empezaba a disiparse y la magnitud del desastre se perfilaba con claridad. La avalancha de chistes (el patrocinio de Seven Up...) y el sarcasmo de los rivales dolían, pero lo que más oprimía el pecho era la conciencia del pecado indeleble. Pasarán los años y el 7-1 seguirá ahí, una mancha eterna en los anales. Luciano Spalletti quiso que la plantilla al completo diera la cara y cada uno farfulló el mantra que le correspondía: "Hay que preservar la unidad" (Totti), "Todo nos salió mal y a ellos todo bien" (Panucci), "con el 2-0 tuvimos demasiada prisa por marcar" (De Rossi), "nos faltan suplentes" (Spalletti). Qué se le va a hacer. La mecánica más fina del calcio reventó en Old Trafford: un muelle por aquí, una tuerca por allá. Un reloj destripado. Una lástima.
Por alguna razón, el desastre del Roma en Manchester y el éxito del Milan en Múnich generaron una misma reflexión, quizá deprimente, en numerosos comentarios: el hombre que marca la diferencia, el futbolista italiano más relevante en el calcio de hoy, es uno de esos tipos tan listos que prefieren pasar por tontos, torpes y obcecados. Se trata, como es obvio, de Gennaro Gattuso.
Él sigue empeñado en preservar su mala fama. Tras un partido de Italia en el pasado Mundial, un periodista le comentó que había sido el jugador más destacado de la selección. Cualquier otro habría respuesto con una ñoñez de manual. Gattuso, no. "No empecemos insultando al fútbol", masculló. Pero la evidencia empieza a ser demasiado meridiana como para ocultarla tras un par de gruñidos. El mismo Carlo Ancelotti lo reconoce: "En una escala del 1 al 10, la importancia de Gattuso en el Milan es de 10. Gattuso es el alma del equipo".
Los amigos le llaman Rino. Los tifosi, Ringhio (gruñido). Los puristas del fútbol le retirarían, si pudieran, la licencia federativa. Muchos le consideran un descendiente no evolucionado de los Stiles, los Vogts, los Stielike: perros de presa, sicarios al servicio del técnico. El respeto que se le depara en el vestuario de Milanello indica, sin embargo, que Ringhio es algo más que eso. Gattuso convive con un tótem viviente como Maldini, un delineante mudo como Pirlo, un ególatra hiperactivo como Seedorf y un par de talentos como Kaká y Ronaldo y, cuando él habla, los demás escuchan. Cuando grita, los demás reaccionan. Cuando bromea, los demás ríen.
Su presencia basta para relajar tensiones. Como Goliath para el Capitán Trueno, Biscúter para Carvalho, Sancho Panza para el Quijote o Haddock para Tintín, representa la comedia, la humanidad, el alma. Nació en Marina de Schiavonea, Calabria profunda, y cuando le fichó el Glasgow Rangers cenaba cada noche en un restaurante italiano; se casó, como corresponde, con la hija del dueño y, a su regreso a Italia, se construyó una mansión de indiano en Marina de Schiavonea.
Un futbolista con barba es ridículo o especial. Sólo se recuerdan los especiales: el último Best, el gran Hulshoff del Ajax, el belga Gerets, el doctor Sócrates. Con su barba, su autoironía, sus pies cuadrados y sus ojos de Martínez Soria, Ringhio parecía condenado al chiste. Se ha convertido, en cambio, en una prueba viviente de que en el fútbol, como en cualquier otro oficio, es posible aprender y mejorar, incluso cuando el talento natural es limitado. Gennaro Gattuso, campeón del mundo, de Europa y de Italia, se retirará algún día con un palmarés asombroso.
Un secreto: no tiene los pies cuadrados. Un dato estadístico: no es un jugador violento. Una evidencia: a él nunca le meterán siete.
miércoles, abril 11, 2007
Historias del Calcio. EL CÓDIGO DEL PRESTIDIGITADOR

El fútbol es un lenguaje. Y en el calcio nadie domina ese lenguaje mejor que el Roma. Es una cuestión de estilo: la precisión con que la nube de centrocampistas desarrolla el diálogo; la riqueza del monólogo interior que se lee en Totti, participe o no en el juego; la fluidez sintáctica en situaciones espesas. También es cuestión de inventiva: un equipo sin ariete es un equipo sin desarrollo lineal, obligado a renunciar a la sencillez argumental y a moverse en espirales. El técnico, Luciano Spalletti, no se asemeja en nada a Julio Cortázar. Su fútbol, sin embargo, luce las hechuras de Rayuela.
Para Spalletti, el balón es como La Maga de Rayuela: un elemento imprescindible, porque lo inspira todo, pero no siempre visible. El movimiento de la nube de centrocampistas (Pizarro, De Rossi, Perrotta, Totti) se basa en el código del prestidigitador. Los dedos nunca son más rápidos que la vista, y los futbolistas no son más rápidos que el balón. Pero es hermoso creerlo. El truco consiste en desviar la atención: cuando la pelota está aún atrás, entre los pies de Pizarro, el espectador ya mira hacia delante, hacia esos tipos que se cruzan en diagonal, tratando de adivinar la carambola. La defensa rival, como el espectador, se distrae por un segundo. Por eso el balón parece llegar de ninguna parte al lugar menos previsto. A veces no pasa nada. Pero todo pasa muy rápido. Eso es el Roma.
El Inter es una conciencia atormentada, una redención imposible. Tiene de su parte la razón y actúa con la mejor voluntad. Desarrolla un juego de factura clásica, amplio, de gran respiración. No pierde nunca. El scudetto ya es suyo. Como en Crimen y castigo, sin embargo, el principal protagonista del calcio es perseguido por una sombra. Como Raskolnikov, el Inter creyó hacer justicia acabando con un personaje mezquino y corruptor (la vieja usurera sería en este caso el Juventus de Luciano Moggi). Ahora se descubre obsesionado por la Juve, a la que en cierta forma ha suplantado. Aún no sabemos cómo, pero sabemos que la novela interista desemboca en un purgatorio siberiano.
El Milan es un texto larguísimo, inacabado, crepuscular, en el que los vestigios de un pasado glorioso conviven con un proyecto indefinido. En su novela se desconoce el argumento, se reflexiona sobre la modernidad y se añora un tiempo mejor mientras se busca el futuro. Hasta los héroes jóvenes, como Kaká, padecen la erosión de la nostalgia. Las joyas de Milanello relucen con la tristeza dorada de un baile austrohúngaro. El técnico Carlo Ancelotti posee algo similar al mejor novelón infumable de todos los tiempos: El hombre sin atributos, de Robert Musil.
El Lazio ya es tercero. Nadie se explica el portento de una narración espléndida trenzada con mimbres toscos. Comenzó con puntos de penalización, es un club técnicamente en la ruina, la grada pita al presidente y no hay forma de disipar la imagen de institución filofascista. A falta de otra explicación convincente, debe ser cosa de talento. Como Las hijas de Rebeca: Dylan Thomas, un genio borracho, escribió para el cine la historia de unos rebeldes galeses disfrazados de mujer; la historia no se filmó (hasta mucho más tarde, y mal) y el artefacto quedó en el aire, colgado de su propia magia. El Lazio y sus bucaneros son Las hijas de Rebeca: una extraña delicia.
Enric González es autor de Historias del Calcio
lunes, abril 02, 2007
Historias del Calcio. UN ASUNTO DE FAMILIA

Los países de tradición católica no suelen ser puritanos. El mecanismo de la confesión y la penitencia genera conciencias elásticas. Por eso el Vaticano vive pendiente de España e Italia: teme que el escepticismo religioso nos lleve a la amoralidad y la indecencia, sin estaciones intermedias. Y hace algo parecido a una oferta. Vale con que no vayan a misa, viene a decir, pero protejan la familia tradicional. En esta defensa, la Iglesia católica utiliza argumentos relacionados con la moral, la historia, la pedagogía, la psicología, la sociología y el derecho. Quizá resulten convincentes en el caso español. En Italia, sin embargo, podrían bastar tres palabras: economía, Agnelli, Juventus.
En Italia, el país más mediterráneo del Mediterráneo, el Estado no inspira devoción. Ni siquiera temor. Viene a ser una cosa útil para colocarse o colocar a los parientes. La justicia es lenta y errática, la política es indescriptible, el pueblo de al lado cae muy lejos y cae antipático, los ideales sólo son buenos mientras duran y todo es negociable. La auténtica fe se deposita en la familia, la nuclear y la clánica. Italia es un país de empresas familiares y de asuntos familiares. La cosa, a su modo, funciona. Y emana una extraña naturalidad. ¿Por qué la gente simpatiza con los Corleone de El padrino? No por los crímenes, ni por su código de honor, sino porque son una familia de aroma italiano.
¿Qué habría sido de Italia si el primer Agnelli o el primer Barilla no se hubieran casado? Muchas dinastías industriales fracasan, pero las que sobreviven se hacen casi indestructibles gracias a la fuerza de la sangre y a los lazos del clan. Esto de la sangre suena a burrada, pero es la única explicación posible ante ciertos fenómenos. Ahí está el caso de John y Lapo Elkann, dos muchachos neoyorquinos, crecidos en Brasil y educados entre Francia e Inglaterra. Su madre es una Agnelli y su abuelo fue Gianni Agnelli, el imponente Avvocato; ellos sufren aún cierta dificultad para expresarse en italiano.
John tenía 22 años cuando ingresó en el consejo de Fiat. Tenía 28 en 2004, cuando, a la muerte del tío-abuelo Umberto, fue nombrado vicepresidente y cabeza de familia. Apoyado en Luca Cordero di Montezemolo, el fiel consigliere que asumió temporalmente la presidencia para dar un poco de aire al muchacho, John se concentró en las empresas familiares. Fiat, que todos daban por muerta, resucitó. El diario La Stampa se renovó con éxito. Ferrari siguió siendo Ferrari.
Quedaba la Juve, un asunto de familia desde que Edoardo Agnelli asumió, en 1923, su presidencia. Era un asunto sentimental de los viejos Agnelli, no daba dinero y causaba muchas preocupaciones. El año pasado dio el disgusto definitivo con la corrupción y el descenso de categoría. John y Lapo no simpatizaban con el régimen de Antonio Giraudo, consejero delegado, y Luciano Moggi, director general. Lapo, por dislexia, lapsus freudiano o simple mala leche, les llamaba Caín y Babel. Tras el escándalo, lo normal habría sido mantener el Juventus hasta su vuelta a la Serie A y venderlo a buen precio para reforzar otras actividades. Al fin y al cabo, John y Lapo, a diferencia de su abuelo o de Berlusconi, no son muy futboleros.
Esta semana, con la Vieja Señora en camino del ascenso, los Elkann-Agnelli han efectuado una fortísima ampliación de capital en el Juventus: 105 millones de euros, 70 de los cuales son de la familia, que pondrá también una de sus marcas, New Holland, en las camisetas, lo que les costará otros 33 millones. Y se declaran dispuestos a seguir pagando hasta que el club vuelva a la élite mundial.
¿Por qué? Porque el Juventus es un asunto de familia. Y con la familia no se juega. No hay otra explicación plausible.
Enric González es autor de Historias del Calcio
sábado, marzo 24, 2007
LA MECA DEL FÚTBOL por John Carlin

El fútbol, valga la redundancia, es la gran religión del mundo, la que une a todas las razas, creencias, ideologías, naciones y nacionalismos. La excepción, el gran país pagano, es Estados Unidos. Pero ya llegarán.
Como toda buena religión, el fútbol tiene su Vaticano, su Meca. Se llama Anfield, el estadio del Liverpool. Si alguien lo dudaba antes del partido del martes contra el Barcelona, ya no dudará más. No era necesario estar ahí. Con verlo por televisión era suficiente para entender lo que se vivió allá esa noche. Fue una experiencia trascendental, en el sentido auténtico de la palabra. Uno oía a aquellas 44.000 almas coreando el himno del Liverpool, You'll never walk alone, y sentía una ola de solidaridad con la humanidad, una conexión con el universo, más allá de las banalidades materiales o los problemas familiares.
Y, si no es así, ¿cómo se explica que incluso los aficionados del Barça en Anfield cantaban la canción del enemigo con fervor? ¿O que yo mismo oyera a un señor en el pueblo catalanísimo de Sant Pere de Ribes tan emocionado que, minutos antes del comienzo del partido, se puso a cantar a toda voz, en un inglés admirablemente correcto, Walk on, walk oooon, with hope in your heart...? ¿O que, al final, la afición del Liverpool coreara "¡Barça! ¡Barça!" en homenaje a un gran rival, al que el defensa estelar del Liverpool, Jamie Carragher, tuvo la grandeza de describir después del encuentro como "el mejor" equipo de Europa?
Tan especial fue esa noche que ocurrió algo insólito. Se hizo justicia divina. El perdedor mereció ganar... ¡y ganó! El Liverpool perdió 0-1 un partido que debería haber ganado 4-2, pero fue el ganador de la noche porque fue el que pasó a los cuartos de final de la Champions. Y, encima, fue un partidazo de principio a fin. Se jugó a un ritmo trepidante (comprobándose una vez más que, como entendió el mítico entrenador Bill Shankly, el fútbol es más que una cuestión de vida o muerte) y cualquiera de los dos equipos podría haber ganado hasta el último segundo.
Los nuevos dueños del Liverpool, un par de multimillonarios norteamericanos bien mayores, presenciaron el partido desde el palco boquiabiertos. Tom Hicks y George Gillet son grandes amantes del deporte. Hicks tiene un equipo de béisbol y otro de hockey sobre hielo. Pero hasta la noche del martes no supieron lo que era el deporte de verdad, la grandeza del fútbol en su máxima expresión. "He visto muchos eventos deportivos en todo el mundo", dijo Hicks al final del encuentro, "pero nada que se aproximara a esto". "Nunca en mi vida", dijo Gillet, "he visto u oído nada como esto".
Un par de días después del partido comentaba un amigo vasco, aficionado (pobre hombre) de la Real Sociedad, que todos los que nos consideramos devotos del fútbol deberíamos hacer un peregrinaje a Anfield al menos una vez en nuestras vidas. Pero, aunque lo hagamos, nunca nos acercaremos a la enorme suerte que tiene Xabi Alonso, ex de la Real, de haberse convertido en uno de los mitos vivientes de la afición del Liverpool. Y a la de los otros españoles del Liverpool, Luis García, Pepe Reina y el más reciente fichaje español, Álvaro Arbeloa, un descarte del Real Madrid que ya es héroe en Anfield tras haber neutralizado a Leo Messi no en uno, sino en dos partidos seguidos. Después del breve encuentro que tuvo con la ópera del Bernabéu, Arbeloa debe de estar en el cielo.
Y en cuanto a Rafa Benitez, después de un comienzo de temporada no muy luminoso, ha vuelto a ser el dios español del Liverpool. O, al menos, el papa. Su éxito como entrenador allá lo deberíamos celebrar aquí en España como los polacos cuando Wojtyla fue elegido sumo pontífice romano. Como motivo de orgullo nacional.
El hombre conocido en toda Inglaterra como Rafa ha sabido cumplir con una eficacia abrumadora el primer requisito de cualquier entrenador: hacer que el equipo sea mejor que la suma de sus partes. Además, como se comprobó contra el Barça, pocas personas en el mundo del fútbol están a la altura de su brillantez táctica. Ese partido lo ganaron el sudor de los jugadores y el cerebro de Benítez.
Se habla a veces de que podría volver a entrenar a un equipo español. Si volviera por la familia, por el sol, por las tapas..., se podría comprender. Pero por el fútbol, por el amor al deporte rey, que se quede en Anfield el resto de su vida, que siga alimentando la leyenda.
lunes, marzo 19, 2007
Historias del Calcio. LA ETERNIDAD INMUTABLE
Los antiguos egipcios distinguían dos tipos de tiempo infinito. Uno era el neheh, en el que los ciclos característicos del tiempo (días, mareas, equinoccios) se sucedían indefinidamente. Otro era el djet, un concepto paradójico porque definía el tiempo por su ausencia: el djet era la eternidad inmutable, sin ciclos, sin envejecimiento, sin regeneración. En el djet no era posible ningún cambio. Neheh y djet eran obviamente incompatibles. El faraón podía irse al djet una vez muerto en el neheh, pero no saltaba de uno a otro.
En Italia, la incompatibilidad entre neheh y djet no resulta tan clara. Funcionan los relojes, pasan los días y la gente envejece, por supuesto. El senador vitalicio Giulio Andreotti, conocido en el Parlamento como Belcebú, puede ser, como sospechan algunos, inmortal; ello no le impide envejecer y experimentar cambios. Existe constancia, por ejemplo, de que a mediados de los 80 Andreotti se hizo unas gafas nuevas, con la montura más fina. Los ciclos italianos del neheh parecen, sin embargo, impregnados del espíritu de inmutabilidad proprio del djet.
No hablamos de política, aunque la política forme parte del misterio. Ahora mismo, la ciudadanía del Bel paese se enfrenta a una perspectiva peculiar: si en un plazo más o menos breve hubiera que celebrar elecciones anticipadas, cosa posible, podrían verse obligados a elegir entre Romano Prodi y Silvio Berlusconi. Como siempre. Y a esperar un nuevo programa de Adriano Celentano. Como siempre.
Hablamos de fútbol. Quizá el lector recuerde que en el estadio de Catania un policía fue asesinado en una noche de terribles disturbios (2 de febrero de 2007) y que las autoridades prometieron un cambio drástico. Se acabaron las contemplaciones, dijeron. Basta tolerancia. Todo iba a ser distinto y nuevo. El Gobierno aprobó un paquete de medidas para salvar el calcio de una violencia autodestructiva y lo envió al Parlamento. El paquete de medidas está ahora en la Cámara de Diputados, un espacio sospechoso de contener djet. Y las nuevas normas durísimas, reblandecidas en adobo de enmienda garantista, se parecen cada vez más a las viejas normas complacientes. Volverán los contratos entre clubes y peñas de ultras, volverán los trenes del salvajismo y, poco a poco, volverá todo lo demás. ¿Que no? La Liga de Fútbol ha caído en manos de Antonio Matarrese, un antiguo diputado democristiano que dirigió la Liga entre 1982 y 1987 y la Federación entre 1987 y 1996. Todo un clásico. Un tipo con experiencia suficiente como para afirmar que las matanzas en los estadios forman parte del sistema y no hay que hacer tantos aspavientos. La Federación, que tras el escándalo de la manipulación de resultados (hace una eternidad: ocurrió en 2006) fue confiada a un eminente jurista, Guido Rossi, y luego a un renovador como Luca Pancalli, celebrará elecciones el mes que viene. El candidato con más posibilidades se llama Giancarlo Abete y era vicepresidente de la Federación allá por 2006, cuando se coció el escándalo.
Esta semana se ha publicado un dato curioso: los italianos van más al teatro que al estadio. Los tifosi constituyen la gran mayoría del país, y quien más, quien menos, tiene el corazón entregado a unos colores balompédicos. Pero la gente no es tonta. En 2006, los teatros acogieron 13,5 millones de espectadores de pago. Los estadios, 12,7 millones. Influye la violencia en las gradas, sin duda. Lo esencial, sin embargo, debe ser la variedad: los teatros cambian de función de vez en cuando.
Enric González es autor de Historias del Calcio
sábado, marzo 17, 2007
SOBRE 'THE KOP', EL MITO HECHO GRADA

Anfield es algo más que un estadio de fútbol y la grada sur mucho más que un fondo desde el que ver jugar al Liverpool. Oficialmente, The Spion Kop o, simplemente, The Kop para la historia de la ciudad en particular y del fútbol en general, el gol donde no entró una mujer en casi cien años, representa los valores de un equipo singular y diferente como ninguno. The Kop representa una manera de entender el fútbol tanto para quienes crecieron allí como aficionados como para los futbolistas que conocieron los años de gloria de un lugar con capacidad para 20.000 espectadores de pie y en el que llegaron a entrar 37.000. Tras la remodelación de 1996, el aforo se redujo a 12.390, lo que significa que por cada asiento de ahora antes había tres hinchas. Aun así, ni ha perdido carisma ni capacidad para intimidar a los rivales y emocionar a los jugadores locales. (...)
The Kop sigue siendo especial pese a lo acontecido en 1987, cuando unos obreros que trabajaban reforzando las columnas descubrieron un agujero de unos seis metros bajo los cimientos que resultó ser una cloaca victoriana construida en 1860 que causó un derrumbamiento en el suelo, obligó a jugar los tres primeros partidos de la temporada lejos y, además, sentenció a muerte a la vieja grada, demolida ocho años mas tarde. Fue Ernest Edwards, editor del Liverpool Echo, el periódico local, quien bautizó la grada en 1906, cuando se interesó por las obras de su edificación y quedó tan impresionado por la perspectiva del lugar que le recordó la ladera de un monte, la colina Spion, de Suráfrica, escenario en enero de 1900 de una sangrienta batalla entre las tropas del batallón de fusileros de Lancashire y los Boers. El batallón fue aniquilado; 3.000 valientes de Liverpool nunca volvieron a Merseyside. Colina, en el idioma afrikaaner, es Kop y en su honor, en el honor de los miles de hijos de Liverpool que tiñieron de sangre roja y scouser aquella colina, Edwards llamó a esa grada The Spion Kop. (...)
"Sobre nosotros, el cielo", se lee en una pancarta de The Kop en alusión a los 30 años que se pasaron los tipos más rudos de Liverpool soportando la lluvia hasta que se cubrió la grada. En ningún otro sitio se rezan tantos Padrenuestro porque ninguna grada tiene tantos muertos que honrar. "La fuerza de la grada es tan brutal que a veces pensé que aspiraban el balón", afirmó el mítico Phil Neal, jugador de los 80. (...)
lunes, marzo 12, 2007
Historias del Calcio. AMANTINO

Lo de Mestalla, con su empate y su tangana, entraba dentro de lo predecible. El Valencia y el Inter jugaron con los dientes apretados y la yugular hinchada, a la argentina, y en esos casos puede escaparse el mordisco. La bronca final habría sido penosa, pero venial, de no enloquecer aquel muchacho del banquillo. Llegarán los castigos y se robustecerá, probablemente, la mutua antipatía. En cualquier caso, cuenta lo que cuenta. Y el avance del Valencia a cuartos no constituye una gran sorpresa. Tampoco el avance del renqueante Milan, cuya necesidad de prórroga ante el Celtic, como su derrota de ayer ante el Inter, da una idea bastante exacta de la realidad rojinegra.
Si un marciano hubiera bajado a la Tierra el martes, se hubiera abonado a todos los canales de pago y hubiera estudiado todos los encuentros europeos, habría llegado a la conclusión de que el Roma es el gran tapado de esta Liga de Campeones.
La gracia del Roma radica en un alma impredecible. Y esa gracia excéntrica se ajusta como una camiseta al cuerpo de Alessandro Faiolhe Amantino, conocido como Amantino Mancini. ¿Alguien se acuerda de Luis Silvio Danuello? ¿No? No, claro. El tal Danuello era un jugador aficionado en Brasil, adquirido casi a ciegas en 1980 por el Pistoiese, recién ascendido a la máxima categoría. Cuando llegó a Italia, le preguntaron si era delantero: "Sei una punta?". Danuello dijo que sí, que era "ponta", lo que en portugués significa centrocampista. Le colocaron de ariete, duró seis partidos y el Pistoiese bajó de nuevo a la B.
Pues bien, lo de Mancini es como lo de Danuello, pero al revés. Amantino Mancini llegó a Italia en 2002, adquirido por el Roma al Atlético Mineiro y cedido al Venezia. El Roma lo había fichado como recambio de Cafú porque en Brasil jugaba como lateral derecho, y el técnico veneciano, Gianfranco Bellotto, le mantuvo en esa posición. Fue un desastre.
La temporada siguiente, 2003-2004, Fabio Capello lo rescató para el Roma. Aún no había debutado y ya estaba en todos los chistes: los pronosticadores profesionales le señalaban como el fiasco del año. Capello le hizo jugar un poco más adelantado, como centrocampista externo, y el público empezó a dudar de que Amantino fuera tan malo como había parecido en Venecia. Entonces llegó el derbi con el Lazio y el gol mágico de Aamanti: córner y remate de tacón, al ángulo, en un salto indescriptiblemente bello. Los romanos, que, por razones de vecindad vaticana, tienen a Dios muy a mano (uno de sus gritos contra la afición adversaria es "Che Dio vi furmini", "Que Dios os fulmine" con acento local), bautizaron la jugada como "il tacco di Dio". Mancini empezó a tocar la gloria.
Luego hubo lesiones y complicaciones. Lo peor fue lo segundo: cuando se juega en el Roma, pelearse con Francesco Totti constituye una gran complicación. Mancini se peleó con el tótem. Por entonces, su traspaso al Juventus se daba por seguro. En éstas que llegó Luciano Spalletti al banquillo romano y prohibió la venta del hombre del tacón de oro. Spalletti forzó la reconciliación con Totti y adelantó un poco más la posición de Mancini. El brasileño que llegó a Italia como lateral derecho se transformó en extremo izquierdo.
Quien vio el gol de Amantino Mancini frente al Lyón (control de un balonazo larguísimo, cinco bicicletas en el área, adiós para siempre al defensa y zurdazo a la escuadra) tiene motivos para besar la calva de Spalletti y para amar el fútbol.
El Roma es capaz de jugar muy bien, como demostró el martes. Si juega siempre así, llega paseando a la final de Atenas. Pero el Roma, como Totti, como Mancini, sufre de vez en cuando ciclotimias agudas. Eso suele ser fatal en Liga de Campeones. La eliminatoria con el Manchester dará la medida romana. Si las cosas van mal, quedará al menos el gol de Mancini. Y se podrá hacer con él lo que recomendaba Trappatoni, con su involuntario surrealismo: "olvidarlo como un recuerdo bellísimo".
Enric González es autor de Historias del Calcio.
sábado, marzo 10, 2007
CALÍGULA por José Rodríguez de la Borbolla
Calígula fue uno de los personajes más monstruosos de la historia de la humanidad. Inició su mandato gozando del cariño de la plebe, aunque parece que llegó con trampa al ejercicio del poder (algunos dicen que fue él mismo el que mató a su tito Tiberio). Se dedicó, por una parte, a excitar el cariño del público por todos los medios que granjean la popularidad, mientras que, por otro lado, no mostraba respeto por nada ni por nadie. «Que me odien con tal que me teman», dice Suetonio que era una de sus frases favoritas.
José Rodríguez de la Borbolla, ex presidente de la Junta de Andalucía
miércoles, marzo 07, 2007
UNA SEMANA DESPUÉS
Como bético expreso mi asco ante hechos como los ocurridos el pasado 28 de febrero en Heliópolis. Ante eso y ante el esperpento reiterado y los sainetes de baja estofa provocados por personajes disparatados, encabezados por ese ególatra, que amenaza con marcharse para nunca irse del Betis. Hablemos de Ruiz de Lopera, ese hombre.
Absolutamente nada justifica lo vivido en ese partido, y nadie más que los descerebrados que lanzan objetos (todos) deberían pagar las culpas, ya que no sólo se puede actuar cuando el bestia tiene puntería. Pero en esta tesitura parece necesario castigar cerrando el estadio, aunque paguemos todos, injustamente sí, pero no son posibles las excusas, aunque existan agravios comparativos, para que no se actúe de esa forma. No se puede justificar más. Ya está bien de dar cobijo a cualquier inmundicia humana capaz de apedrear la ambulancia en la que iba a ser trasladado el entrenador del Sevilla, e incluso desear su muerte, a base de gritos, en esos momentos de tensión, o en cualquier otro momento, por si es necesario aclararlo. Vergüenza, porque ante eso, entiendo, no puede sentirse otra cosa.
Y mucha vergüenza siento porque hace años, muchos años, debería haber desaparecido un personaje como Ruiz de Lopera, hoy manijero en la sombra, el sitio donde mejor se mueve. Donmanuel, cómo gusta que le llamen, individuo de catadura moral altamente reprochable que lo dirige todo, absolutamente todo, con un nivel intelectual rastrero, y no porque no maneje el castellano con precisión o porque tuviera poco de qué hablar con Kierkegaard, sino porque su discurso incoherente e irracional ofende al intelecto del que lo escucha. Tan lleno de maldad como de falta de sutileza, tan grosero que sólo puede provocar vergüenza ajena y, lo más triste, vergüenza propia para los béticos, porque desde el principio ha logrado mezclarlo todo, él es el Betis, el Betis es él. Y es que, lastimosamente, todo es suyo.
Persona perversa en esencia, que ha llevado un estilo de dictador cortijero y populista, que ha anclado y lastrado al club al más puro "estilo Lopera", y que nadie lo confunda con "estilo Betis" como ha intentado venenosamente hacer Del Nido, otro personaje más de la opereta. Donmanuel ha impuesto una especie de teocracia empresarial, con decisiones tomadas después de consultar a El Gran Poder, como él mismo confiesa, creador de un modelo arcaico en lo deportivo y lo social, fabulador de verdades imposibles y sin clase alguna, porque la clase no se compra ni con billetes ni, tampoco, con pagarés a 90 días.
Quizá este episodio, que nunca debería haber ocurrido, abra los ojos de aquellos que aún le agradecen y veneran por haber "salvado" al Betis en 1992, algo que el personaje recuerda un día sí y otro también por si alguien no se ha dado por enterado. Para Lopera la historia centenaria del Betis sólo tiene 15 años. Antes de él, la nada. Después de él, tierra quemada (¿?).
Posiblemente tras el 28F pocas cosas valgan para olvidar la ignominia del busto y de todo lo sucedido antes y después, pero es necesario conseguir que este hombre de misa diaria se retire para siempre. Tal vez ése sea el paso prioritario y, posiblemente, único para recuperar a tiempo algo de lo sentimental que aún nos pueda quedar del Betis.
(Tenía que soltarlo)