
Este blog nace en 2004 para recoger los mejores artículos de ENRIC GONZÁLEZ en El País, El Mundo, o donde le dé la gana. A partir de ahí, aquí cabe todo aquello que pueda robar a quien quiera que escriba algo, lo que sea, que no me haga sentir imbécil cuando se hable de fútbol. JM Román
lunes, marzo 22, 2010
TRES PALOS por Ray Loriga

domingo, marzo 07, 2010
EL DESAFÍO DEL CENTURIÓN por John Carlin

"Era una inflexible máxima de la disciplina romana que un buen soldado debía temer más a sus oficiales que al enemigo".
Edward Gibbon, en Historia de la decadencia y caída del imperio romano.
En el caso de que Inglaterra ganase el Mundial, cosa que el patriotismo inglés ha convertido en una enorme posibilidad, no habría remedio: tendríamos que rendirnos ante la evidencia de que Fabio Capello es el entrenador más grande de nuestros tiempos.
El reto al que se enfrenta el seleccionador inglés -ganador de prácticamente todo con Real Madrid, Milan y Juventus- es satisfacer el desesperado deseo de gloria de un país cuyo conjunto de jugadores no está remotamente a la altura -ni a nivel de juego, ni a nivel moral o intelectual- del de la selección española, clara favorita para levantar la Copa del Mundo en Suráfrica en julio. Si la copa se la arrebatara Inglaterra, la mayor parte del mérito habría que dársela al centurión italiano, que automáticamente se convertiría en la primera persona de su país en ser condecorado por la reina Isabel con el título de Sir. Habría logrado la misión imposible de imponer orden sobre un conjunto caótico; de exprimir todo el rendimiento imaginable, y más, de una bola de chiflados.
Las telenovelas mexicanas se quedan cortas, Gran Hermano es pura niñería al lado del permanente reality show que nos brinda el fútbol inglés. ¿Quién será el siguiente jugador en estallar? ¿Quién será el nuevo malo de la película? ¿Rio Ferdinand, el flamante capitán de Inglaterra, en cuya trayectoria abundan las noches de borracheras y orgías? ¿Wayne Rooney, la gran esperanza blanca del fútbol inglés, que goza de amplias oportunidades de ahondar en su curriculum golfo dada la fascinación que ejercen las lejanas playas de Barbados sobre su célebre esposa Colleen?
¿Quién sabe? Pero algo saldrá. Con estos chicos, la farsa esta garantizada. Y encima, juegan mal. Contra Egipto el miércoles en Wembley acabaron ganando 3 a 1, pero tardaron hasta el minuto 75 en adelantarse en el marcador. Durante largos ratos de la primera parte los Faraones, que no se han clasificado para Suráfrica, les bailaron.
Hay jugadores buenos, claro. Rooney, el actual pichichi europeo, amenaza seriamente el duopolio Cristiano Ronaldo-Leo Messi, al punto de que no es descartable que acabe llevándose este año el Balón de Oro. Frank Lampard es un centrocampista todo terreno que marca muchos goles para el Chelsea. Steven Gerrard, del Liverpool, es un potentísimo jugador, pese a que esta temporada no ha dado muchas señales de vida. John Terry y Rio Ferdinand son un par de rocas en el centro de la defensa. O lo han sido: ha habido preocupantes señales de que a Terry le ha afectado psicológicamente su desgaste tabloidero; y Ferdinand, cuya solidez mental siempre está en cuestión, sufre lesión tras lesión.
Además, no hay portero; y no hay acompañante en el ataque para Rooney; y si Rooney se lesiona, adiós y buenas noches. Lo más grave es que, aún con todos a punto, es un equipo de tontos. Los españoles no sólo son mejores, sino que son personas infinitamente más cuerdas e inteligentes. Capello, que daría un riñón por tener en sus filas a los suplentes del once titular español, tiene por delante el reto de su vida.
martes, febrero 23, 2010
CAPITÁN SIN BRAZALETE por Diego Torres

Hay capitanes porque llevan el brazalete, capitanes porque tienen poder político dentro del club, capitanes porque negocian las primas con el presidente y capitanes porque son escuchados por sus compañeros en el vestuario. Fernando Redondo pertenecía a la última categoría. Xabi Alonso va camino de seguir sus pasos. El domingo pasado, cuando el árbitro pitó el penalti sobre Cristiano Ronaldo en los últimos minutos del Madrid-Villarreal, las cámaras de Cuatro registraron un episodio inolvidable.
-Déjame tirarlo a mí, le dijo Xabi a Cristiano, que se encaminaba hacia el punto de penalti con la pelota.
-No, lo quiero tirar yo.
-Déjamelo.
-Es que quiero ser pichichi.
-Y yo todavía no he hecho mi primer gol con el Madrid. Así que déjame.
Así fue como Xabi se hizo con el balón y marcó su primer gol con la camiseta blanca. No resultó sencillo. Con la intención de rendir un homenaje multitudinario a Raúl, que acababa de entrar al campo, el fondo norte del Bernabéu, justo sobre la portería, gritaba: "¡Ra-úl, Ra-úl, Ra-úl!". La gente pedía que lo tirara el primer capitán. El jugador más poderoso del club hasta hace poco. Xabi hizo oídos sordos y se concentró en el balón y en Diego López. Disparó, marcó, pero el árbitro mandó repetir. El público seguía: "¡Ra-úl, Ra-úl, Ra-úl!". Xabi acomodó el balón de nuevo y se dispuso lanzar el penalti contra todo. Contra el Villarreal, contra el público, contra el raulismo y contra la voracidad de Cristiano, símbolo del gran proyecto de Florentino Pérez.
Consciente o no de ello, el gesto del tolosarra fue un arrebato de autoafirmación colosal. Un mensaje a todos los niveles del madridismo recordando que el equipo tiene una nueva jerarquía. Y hay que pasar por el aro. Que mandara el balón como un misil, a media altura, pegado al palo izquierdo de Diego López por segunda vez, selló su intervención con un éxito rotundo. Arbeloa y Raúl corrieron a felicitarle. Cristiano maldijo para sus adentros.
Xabi ha dado 1.505 pases en esta Liga. Su actividad no admite comparación en el Madrid y en España sólo es superado por Xavi Hernández, que encuentra más apoyos gracias al estilo del Barça. Los dirigentes del Madrid se muestran convencidos de que Xabi es el timón. En un equipo pensado para que brillen las individualidades, el mediocentro es un elemento tan raro como imprescindible. El técnico, Manuel Pellegrini, tiene dudas respecto a casi todo en la línea media menos respecto al tipo de la barba roja. "Tiene un sentido colectivo a prueba de cualquier vanidad", explica un dirigente; "hay jugadores, como Cristiano, que ayudan al equipo a partir de su talento individual. Xabi pone su genio al servicio del plan colectivo y es un líder en la medida en que líder es aquél que, además de cumplir con su propia responsabilidad, tiene una mirada más amplia".
Hay tres clases de futbolistas: los cazadores, los recolectores y los administradores. Xabi pertenece a la última categoría, que también es la más intelectual. Hace falta tener cierta obsesión por la casuística, cierto afán clasificatorio, un don para poner a cada especie en su respectivo cajón, para desempeñar con acierto las funciones del mediocentro. Xabi posee esas extrañas virtudes. Lo mismo en la verdulería, donde es capaz de clasificar una colección de pimientos de Ezpeleta, del Piquillo, de Anglet, de guindillas de Tolosa o de cuernos de cabra, que en el campo, donde organiza el juego en corto, en largo, al pie, al espacio, plano, con comba, atrás, adelante, rápido, con freno, por fuera o por dentro. No hay pimiento que sea incapaz de etiquetar ni situación táctica a la que no pueda aplicar el pase adecuado.
A pesar de su importancia, la labor de Xabi en este Madrid ha pasado más o menos inadvertida hasta ahora. El domingo se abalanzó sobre Cristiano y mantuvo con él una pequeña conversación ante el mundo. Ahora el mundo sabe que el tipo de la barba roja ha dado un paso al frente.
viernes, febrero 12, 2010
TIEMPOS MISERABLES por Santiago Segurola

Esta es la Liga de Messi y Cristiano Ronaldo, de Xavi y Kaká, de Iniesta y Xabi Alonso, de Higuaín y Luis Fabiano, de Ibrahimovic y Benzema, de Casillas y Víctor Valdés, de Villa y Llorente, de Navas y Silva, del mejor Barça de la historia, del mejor Madrid de los últimos años, de brillantes jóvenes como Canales y Muniaín, de una selección maravillosa, de todo aquello que debería hacer felices a los aficionados y a los periodistas. Por desgracia, esta magnífica realidad queda sepultada por una visión belicosa y grosera. Sólo importa el ruido mediático y los desagradables personajes que genera. En nombre de aburridas y nunca demostradas teorías conspirativas nos dicen que abandonemos nuestro juguete, que no disfrutemos de este privilegiado momento, que desconfiemos de todo, que nos olvidemos del fútbol por falsario, que evitemos la diversión y elijamos una trinchera en las truculentas guerras que se desatan cada día en la prensa. Teníamos noticia de la degradación en otros ámbitos: basta echar un vistazo al miserable espectáculo de lo que un día se conoció como prensa del corazón y que ahora sólo es el reino de la bajeza. Definitivamente, este perverso modelo se ha impuesto en casi todas las instancias del periodismo. Se conceden premios prestigiosos a los difusores de la basura, se busca el agravio y el daño, se animan mediocres y violentas polémicas, se alimentan los instintos más bajos y los personajes más ridículos, se desacredita todo y nada se salva. Tampoco el fútbol. Una pena.
domingo, febrero 07, 2010
EL DUELO por Manuel Vicent
lunes, enero 25, 2010
ESA OTRA COSA por David Trueba
Ser de un equipo como el Atlético de Madrid te mantiene entretenido. No falta nunca la ocasión en que tienes que explicar tamaña rareza. Supongo que la mayoría de los psicoanalistas le preguntan a sus pacientes cuál es su equipo favorito antes de comenzar el tratamiento y si contestan que el Aleti se deben de frotar las manos. Menudo filón. Hasta la atinada campaña promocional que ideó la Sra. Rushmore dejó para la posteridad una pregunta sin respuesta: Papá, ¿por qué somos del Aleti? Yo me hice del Aleti una tarde en que jugaba un partido europeo contra el Borussia de Mönchengladbach. En realidad en cuanto oí ese nombre me quise hacer del Borussia, porque me recordaba a uno de mis ídolos, el barón Munchausen, pero mi compañero de cole, José María, lo tuvo muy claro: somos del Aleti. Sólo algunos años después descubrí que mi padre también era del Aleti, pero lo llevaba oculto. Seguí siendo del Aleti porque tenía un equipo de balonmano fenomenal y en mi primera adolescencia yo apuntaba maneras de Urdangarín, aunque me retiré antes de la competición por clarividencia y no he logrado casarme por falta de centímetros. Pero la afición por el Atlético de Madrid me ha acompañado aunque los nuevos dueños se cargaran el balonmano, la cantera y pronto el estadio. Es como un desgarro personal particular, como la úlcera de duodeno o incluso la miopía, que se opera pero vuelve a salir.Pero últimamente el Atlético no emociona. No hay noticias de buen juego y el único aliciente es experimentar una montaña rusa emocional donde ninguna alegría dura más allá de dos partidos ni ninguna crisis termina con un partidazo ocasional. Vemos pasar a buenos jugadores por el equipo que acaban o desquiciados o en el Liverpool. Ambición existe, pero quizá puesta en el sitio equivocado. Nosotros no tenemos que aspirar a ganar la Liga cada año, sino a animarla, a divertirla, a sacudirla, a ponerla patas arriba y, como siempre, si un año todos los hados se alían, las brujas se descuidan, las meigas se emborrachan y hay eclipse de Real y Barça, pues vamos y ganamos, pero sin aspiración de continuidad. Para un aficionado del Aleti es hasta feo ganar, se trata de otra cosa. ¿Dónde está esa otra cosa?
Un amigo futbolista que jugó hace pocas semanas en el Calderón me llamó a darme el pésame. Me dijo: la propia afición del equipo es el peor enemigo de sus centrales, los silba, los aterroriza cuando el balón se aproxima. Pero la afición se sabe lo mejor del equipo y no hay quien la frene ni siquiera cuando toca irrumpir en el campo o en los vestuarios. Abel llegó al equipo el año pasado y ganó el primer partido. Dijo: "Los jugadores han captado mi mensaje". Quique llegó este año y perdió estrepitosamente con el Recre. Dijo: "Necesito jugadores que no me decepcionen". Pero ningún diagnóstico dura la semana completa. Para evitar esquizofrenia lo mejor sería asumir el lugar en el que se está. Los equipos llamados a ser secundarios en su ciudad tienen que tener un particular sentido de competitividad, de épica y de juego. La simpatía es un don que se pierde y que han perdido en los últimos años equipos como el Aleti y el Betis. Nadie les pide ganar, arrasar, como nadie le pide llevarse a la chica o salvar a la humanidad al actor de reparto en una película. Se le pide personalidad, encanto, viveza, para en tres secuencias dejar claro quién son, cómo actúan, para qué están en la película. El Atlético de Madrid necesita recuperar un determinado estilo, ser fiel a una manera de jugar, reconocible en un rasgo, en una pincelada. Dejar de fingir que podría ser George Clooney si es Pepe Isbert. Ser como un colegio malo, sin prestigio, donde quizá los niños no saldrán ministros, pero si un día consiguen recitar a Rubén Darío, te hacen saltar las lágrimas. Necesita tocar el violín y sacar la emoción, como ese tipo que toca en un pasillo del metro pero a veces seduce más que el solista del Teatro Real.
viernes, enero 15, 2010
GUARDIOLA, YO TE ACUSO por José Sámano

Hay equipos cuya eternidad está por encima de una derrota. Aquella Holanda de 1974 y 1978, el Brasil de 1982, el Madrid de la Quinta de Eindhoven y, por supuesto, el Barça de Pep Guardiola. Sí, el de Guardiola, porque nadie es más culpable que él de la patente de este equipo, obra cumbre del barcelonismo, ya un incunable del fútbol mundial. Guardiola es culpable de mucho más. Para empezar, de la noble ambición de unos jugadores que no distinguen torneos porque se toman cada cita como un placer. Y es culpable, faltaría más, de haber minimizado su papel en los éxitos -"con unos jugadores tan buenos..."- y haberlo amplificado, con cilicio incluido, en el único traspié -"he fallado a los jugadores"-.
Guardiola es culpable, por supuesto, de que el equipo caiga con la pelota al pie, en la trinchera del adversario, frente a un portero épico, sin la más mínima renuncia a un estilo tan celestial que hasta sus contrarios lo admiran. Guardiola, estaría bueno, es culpable de haber alineado a algunos suplentes en un partido de ida ante el Sevilla en el que no subestimó a su estupendo rival, sino que sobreestimó a su grupo. Todo colectivo precisa de un gesto cómplice de su jefe. Guardiola fue coherente con lo que hizo en la pasada edición, cuando levantó el trofeo en Valencia, consecuencia, entre otras cosas, de su mimo al administrar una plantilla corta que el técnico necesitaba tener en vilo ante el maratón del curso. Y así fue. Bojan y Pinto fueron claves ante el Athletic en la última final; Sylvinho tuvo que dar un paso al frente por las circunstancias en Roma, en donde se midió a un tal CR; o Busquets, más suplente de Yaya Touré que este año, se vio de titular en las dos finales al improvisar el africano como central postizo.
Ante la torticera mirada de algunos, Guardiola es culpable de haber fichado a Chigrinski -tampoco es inocente con Ibrahimovic, pero eso no cuenta-, sobre el que azotan al técnico, en la diana de ésos que no perdonan a los triunfadores. Pues es tan culpable del ucranio como de Busquets, Pedro, Piqué y los premios universales a Messi. Aún quedan retorcidos que priorizan en el legado de Johan Cruyff los fichajes de Escaich y Korneiev, no los de Koeman, Laudrup, Stoichkov y Romario. O su desliz con Lucendo, locura embrionaria del alumbramiento de Amor, Guardiola, Ferrer, Sergi...
Guardiola es culpable, cómo no, de amar el fútbol, de sentir el Barça, de jamás olvidarse de hacer un guiño al último polizón del vestuario, aunque se llame Chigrinski. Como si alguien no pudiera equivocarse alguna vez, en caso de que el central resulte un fiasco. Eso está por ver, pero Guardiola ya es culpable. Como lo es de haber ventilado la caseta, donde hay más puntualidad, se vive de día y se duerme de noche. Ya nadie se deslengua, como sucedió en Villafranca del Penedés con el amparo presidencial, tras un demagógico ataque de cuernos. Guardiola es culpable de que por su falta de feeling con alguno de aquellos pretorianos laportistas el Barça pierda como perdió en Sevilla. No hay duda, de eso sí que es culpable este entrenador educado, sensible, con tacto, gusto exquisito y muchas inquietudes al margen de su obsesión por el fútbol. También es culpable de haber contribuido en este deporte a su alfabetización, mal que pese en la caverna, donde el verbo académico está mal visto. Este es el guardiolato, gran favor del Barça. Bendito culpable. Si todos fallaran así...
lunes, octubre 19, 2009
LOS OSCUROS por Enric González

Luciano Ligabue, un polifacético artista italiano, dedicó un himno, Una vita da mediano, al futbolista que se quema los pulmones en la misión más oscura: cortar balones, darlos pronto, ser generoso, "siempre ahí, ahí en el medio, mientras te quede algo estás ahí". El calcio no está hecho para mediocentros imperiales, sino para medianos. El nombre lo dice todo.
Entre los grandes profesionales de la oscuridad costaría encontrar a alguien más sacrificado que Beppe Baresi. Tuvo que sospechar algo el día que acudió con su hermano, ambos chavalines, a hacer una prueba en el Inter. No hay una institución futbolística con peor ojo clínico que el Inter. Y ese día eligió quedarse con Beppe. Al hermano pequeño, Franco, no se le vio virtud alguna. Franco Baresi lo intentó con el otro equipo de la ciudad, el Milan, y el resto es conocido.
Los dos Baresi tuvieron carreras largas y, en cierto sentido, comparables. Beppe jugó 559 partidos de Liga; Franco, 532. Beppe marcó 13 goles; Franco, 16. Pero todo el mundo recuerda a Franco Baresi, el jefe de la defensa del mejor Milan de la historia, mientras sólo los interistas y unos cuantos eruditos pueden evocar la estampa de Beppe, un mediano tan esforzado y tan modesto que no idolatraba a Maradona o Platini, ni siquiera a su hermano Franco, sino a Oriali, su antecesor en la medianía interista. Por precisar, Oriali fue el tipo para quien Ligabue compuso Una vita da mediano.
No hace falta jugar de mediano para llevar una vida de futbolista mediano. Georg Schwarzenbeck, central del Bayern y de la selección alemana, autor de aquel gol terrible que en 1974 privó al Atlético del máximo trofeo europeo, no era especialmente talentoso, pero hubo pocos defensas más eficaces en su tiempo. Beckenbauer le eligió como guardaespaldas sobre el césped y eso le obligó a pasar por un tipo feo, tosco, brutal y sin ideas. Lo aceptó tranquilamente. Había sido impresor en su juventud (ahora tiene una papelería) y utilizaba un símil del oficio: "Beckenbauer podía haber trabajado toda la jornada en una imprenta sin mancharse los dedos de tinta; a mí, en cambio, me bastaba mirar la rotativa para pringarme".
Incluso los futbolistas más brillantes pueden acabar languideciendo en la oscuridad típica del mediano. ¿Recuerdan a Piet Keizer? Un genio de la banda izquierda, quizá sólo superado por George Best. Keizer fue la estrella del primer gran Ajax, el equipo que surgió de una Liga provinciana para asombrar al mundo. Junto a Cruyff compuso un dúo sensacional. Era vago e intermitente: le bastaban unos cuantos minutos para crear unas cuantas maravillas y unos cuantos goles. También era modesto. Acabó peleado con Cruyff y eso facilitó el sonado traspaso del holandés volador al Barcelona. Cuando le llegó el momento de brillar en solitario, Keizer se dio cuenta de que ya era viejo. Y se retiró sin añoranzas. Para la gran historia queda sólo Johan Cruyff.
Debe de ser fatal sufrir la oscuridad de la medianía sin tener carácter de mediano y trabajando además en un lugar tan visible como la portería. Algo así le ocurre a Víctor Valdés. Hay pocos guardametas tan precisos en la salida y tan adecuados para el fútbol moderno. Para su mal, Valdés ha coincidido en el tiempo con Casillas, un tipo de agilidad sobrehumana y facilidad para los milagros. Es posible que Valdés nunca llegue a debutar con la selección española. Y, sin embargo, entre un portero que atrae sus defensas hacia el área, como Casillas, y uno que los empuja hacia delante, como Valdés, habría mucho que discutir.
En fin, este cronista lleva unos cuantos años, seis o siete, escribiendo regularmente en las páginas de Deportes. Pese a ello, han seguido siendo, en general, las páginas mejor escritas del periódico. Ha sido un honor firmar junto a los mejores profesionales del género, pero no conviene abusar. El cronista se toma una pausa, más o menos larga. Gracias por la paciencia. Hasta luego.
lunes, octubre 05, 2009
UNA TEORÍA SOBRE MOURINHO por Enric González
Marinus Michels es, se supone, la unidad de medida. Hay muchos otros grandes técnicos, y algunos de ellos han ganado más trofeos que Michels. Pero el viejo tacaño holandés, el hombre a quien nunca vio jamás la billetera, fue elegido el mejor entrenador del siglo XX por la FIFA, y eso es algo. Hacia finales de los 60, al frente del Ajax, Michels estableció el canon del fútbol moderno, y eso es mucho.Michels prestaba una gran atención a la cantera y a la gestión de la plantilla. Pensaba que era importante equilibrar fuerza y técnica en el equipo, defensa y ataque, pero le daba la misma importancia a las cuestiones psicológicas. En ese aspecto, era casi tan eficaz como Helenio Herrera, que inventaba tormentas para que descargaran sobre él y no hubiera presión sobre los futbolistas, o, a su manera brutal, Fabio Capello.
Cuando se estableció por su cuenta, obtuvo éxitos grandiosos con el Oporto y ganó dos veces la Liga inglesa con el Chelsea. Ahora es campeón de la Liga italiana con el Inter. Se trata de un historial más que respetable.
lunes, septiembre 21, 2009
LAS OPINIONES DE SACCHI por Enric González

Sospecho que Guardiola no vio en él un simple recurso humano. Sospecho que, junto a todas las justificaciones técnicas y tácticas, en su fichaje influyó una poderosa ensoñación estética. Ibra pasó por el Ajax, uno de los mitos de la escuela barcelonista; según se le mire, podría parecerse a un joven Cruyff atiborrado a hormonas de crecimiento y anabolizantes, con lo que entramos en un territorio aún más mítico; y, por su altura física y la elegancia prodigiosa de algunos de sus goles, evoca a Marco van Basten, prototipo del ariete con clase para cualquiera que, como Guardiola, haya crecido con el fútbol de los ochenta.
Es posible, ya digo, que haya cambiado. Es posible que el Barcelona rentabilice la inversión, y que Ibrahimovic dé la talla en el momento crucial. Es posible que tenga que tragarme mis sospechas y mis opiniones, y eso tendría al menos una ventaja: ya no estaría de acuerdo en nada con Arrigo Sacchi.
lunes, septiembre 14, 2009
LA BIBLIA LEVANTINISTA por Enric González
La desgracia es un gran estímulo literario: a veces estamos tan mal que sólo nos queda nuestra historia, y necesitamos contarla. La Biblia, por ejemplo, se escribió a golpes de cataclismo. La idea de redactar una biografía de Dios, del mundo y del pueblo judío surgió hace unos 28 siglos; como suele ocurrir con las buenas ideas, no fue una sola persona quien la puso en práctica: en el reino de Israel apareció un libro, y en el reino de Judá, otro. Contaban más o menos lo mismo, pero lo contaban de manera diferente. Unos siglos más tarde, tras la desaparición de Israel por conquista asiria, un editor en Judá decidió crear un relato único e hizo un gran trabajo recortando y pegando. Cualquier lector del Génesis nota que ahí hay dos historias entrelazadas, que no coinciden ni en el nombre de Dios: Yahvé en un caso, Elohim en otro.Luego, cuando Judá también se hundía por la presión babilonia y egipcia y los judíos atravesaban un momento pésimo, alguien decidió mantener viva la esperanza contando la historia por tercera vez: el Deuteronomio. E hizo que el texto, supuestamente antiquísimo (había que atribuir la obra, como las otras, a Moisés), apareciera milagrosamente en los sótanos de un palacio.
Lo de la desgracia y las letras (y lo de las dos historias entrelazadas) se repite ahora en el Levante, que esta semana ha cumplido 100 años. Hay algo judaico en el fenómeno granota: son pocos, no tienen la historia más gloriosa del fútbol mundial (sólo han asomado la cabeza por Primera de vez en cuando), pasan por un presente más bien apretado (la sociedad está intervenida) y ante ellos se dibuja un futuro tan difícil como el pasado. Pero en materia de letras no hay quien les gane.
El propio club patrocina, con ocasión del centenario, varios libros "oficiales" sobre el levantinismo. Y un grupo de escribas, coordinado por Felip Bens y José Luis García Nieves, acaba de publicar una pieza fabulosa, casi bíblica por alcance y por tamaño: ronda las 800 páginas y se trata sólo de un primer tomo, que abarca la historia del fútbol valenciano y del Levante desde fines del siglo XIX hasta 1922. Dudo que exista algo igual referido a cualquier otra institución futbolística, incluyendo las más gloriosas.
De la fusión de ambos clubes, el laicista y el católico, en 1940 (la biblia no ha llegado aún a ese punto), surgió el Levante de hoy.
Cabe desear que la gente granota no se enfrente, como ocurrió con los judíos, a 2.000 años de exilio. Si así fuera, al menos podrían aprovechar el par de milenios para leer la historia de su primer siglo.
sábado, septiembre 12, 2009
EN BUSCA DEL EQUIPO PERFECTO por Enrique Vila-Matas

Ver un partido del Barça sin estar pendiente del resultado me permitió ver, por ejemplo, que Guardiola ha logrado la perogrullada de que Messi sea el mejor jugador del mundo porque juega en el mejor equipo del mundo, y no al revés; lo hace, además, en el equipo en el que ha estado desde niño, quedando por ver si en todos los demás frentes puede brillar así, véase si no su reciente fracaso con la selección argentina ante Brasil. Y pude también confirmar que, en compañía de otros tres genios (Cesc, Lampard y Gerrard), Xavi e Iniesta son los mejores centrocampistas del fútbol actual. Y que Valdés es el mejor portero que puede tener este equipo y que fue una barbaridad que la temporada pasada algunos insinuaran cambiarlo por Reina o por Diego López, notablemente inferiores a él.
En cuanto a los dos centrales del Manchester, sucedió con ellos algo sorprendente. Antes de la final de Roma estaban considerados como la pareja de defensores mejor del mundo. Pero dejaron de serlo cuando empezó a verse que, a diferencia de los del Barça, eran incapaces de salir con la pelota controlada. Y es más, se vio que el desequilibrio entre los centrales de uno y otro equipo -Piqué y Touré, a diferencia de los ingleses, siempre penetrando en las líneas defensivas rivales- era también decisivo para la superioridad blaugrana. Por otra parte, es posible que de haber jugado Puyol de central -lo hizo de lateral en sustitución de Alves-, el Barça no hubiera contado, en el sentido ofensivo, con la eficacia del improvisado central que fue Touré. Es fácil entender en este contexto por qué interesa a Guardiola un jugador como Chigrinski, que reúne en él solo las mejores cualidades atacantes de Márquez y Piqué. Queda finalmente la cuestión de Henry, que jugó a gran altura la temporada pasada, pero que, por edad y posible relajamiento, ofrece dudas para el porvenir. Ya en Roma fue un leve lastre, aunque lo fue porque salía de una lesión. Laporta ha asegurado haberle dado a Guardiola todo lo que ha solicitado y no espera que éste le desmienta, pero todos recordamos que pidió a Ribéry y que éste no ha llegado porque quien tendría que haber trabajado tanto o más que el entrenador no fue lo suficientemente diligente para prever -o soñar al menos- los retoques que este año eran necesarios para seguir en busca del imposible equipo perfecto.
lunes, agosto 10, 2009
MEMORIA por Enric González

¿Qué hará la otra familia de Jarque, la que se une bajo la bandera blanquiazul? Recordaremos. Y, cuando muramos nosotros, otros seguirán recordando. No tenemos el don de la buena fortuna, pero sí el de la memoria. Esencialmente, somos eso, memoria.
No nos olvidamos de las desgracias. Quizá por eso, pese a todo, el Espanyol sobrevive. La familia se ha forjado en la adversidad y el haber salido juntos de tantos apuros nos une más que cualquier título. De ahí que fuera difícil, el pasado día 2, contener las lágrimas al descubrir el nuevo estadio: era como llegar a la playa tras un naufragio y evocar a los que habían desaparecido, a los que ya no estaban para gozar del gran momento. Teníamos casa de nuevo y empezábamos una nueva vida, con más socios y más esperanzas que nunca. Teníamos un capitán recién estrenado en el que nos reconocíamos.
miércoles, agosto 05, 2009
ROBSON, PASIÓN POR EL BALÓN Y LA VIDA por John Carlin

En julio de 1995, cuando entrenaba al Oporto, a Bobby Robson (Langley Park, Inglaterra; 1933) le diagnosticaron un tumor maligno en el cerebro. El especialista del hospital Royal Marsden, de Londres, le explicó todos los detalles de la compleja operación a la que se tendría que someter. Cortarían por encima del labio superior, alrededor de la nariz; abrirían un agujero en el paladar y, si todo iba bien, le extraerían un trozo de tejido canceroso del tamaño de una pelota de golf.
Su esposa, Elsie, me contó que la respuesta de Robson fue: "Vale. ¿Cuándo podré volver a trabajar?". El médico no dijo nada, recordó Elsie Robson. Le miró, boquiabierto. Había explicado el temible procedimiento a sus pacientes muchas veces, pero nadie había respondido con tan seca tranquilidad. El médico sabía además que, después de semejante operación, uno no se recupera lo suficiente para volver a hacer una vida normal. Pero Robson era un hombre fuera de lo común. Pasado un mes, ya estaba hablando por teléfono mañana y noche, planeando la temporada entrante. En noviembre volvió al trabajo, seis meses después conquistó el campeonato portugués y en la temporada siguiente, la de 1996-97, ganó tres trofeos con el Barcelona de Ronaldo: Recopa, Copa del Rey y Supercopa de España.
Bobby Robson, que murió el viernes pasado, a los 76 años, tras perder la última de sus cinco batallas contra el cáncer, elevó el concepto loco por el fútbol a una categoría desconocida. "Es mi droga, es mi vida", decía Robson, que ejerció como profesional durante 60 años, que jugó para la selección inglesa y después la entrenó, que ganó títulos en cuatro países. Vivía un partidillo de entrenamiento, seis contra seis en un campo reducido, con la misma intensidad que una final; veía todo el fútbol que podía en televisión, todas las Ligas de todos los países, y trataba a sus jugadores como si fueran sus hijos. Cuando estaba en el Barcelona, no se cansaba de hablar del talento puro de Ronaldo o de la tenacidad de Luis Enrique, en cuya dedicación al trabajo Robson veía un fiel reflejo de la suya. "I love Luis Enrique", me dijo una vez; "I love him!" ["¡adoro a Luis Enrique, le adoro!"].
Pero Robson no sólo amaba el fútbol. Amaba la vida. Vivía cada día, cada hora, cada minuto con el más puro entusiasmo, como un niño con un juguete nuevo, en un estado de permanente excitación. Estuve una mañana paseando con él en Sitges, el pueblo en el que vivió cuando entrenaba al Barcelona. Cualquiera que nos hubiera visto habría pensado que él trabajaba para una inmobiliaria y me quería vender una casa: "¡Mira las flores en esa terraza! ¡Qué preciosas!, ¿no? ¡Mira el paseo marítimo! ¡Qué grande! ¡Mira ese olivo! ¡Dos mil años! ¡Desde antes de Cristo!". Me acuerdo de que nos acercamos a una tienda en la que vendían cuadros. "Mira esos paisajes", me dijo; "esas mujeres vestidas de negro. ¡Qué belleza!".
A Robson le encantaba Sitges, y Barcelona también. "La catedral, las obras de Gaudí, el paseo de Gracia, Santa María del Mar: wow, wow, wow! ", exclamaba. Descubrí que sentía pasión por el teatro y que incluso de vez en cuando leía novelas. Y que le gustaban otros deportes. Veía rugby, jugaba al golf. Lo curioso es que le quedase energía para el fútbol, deporte del que vivía, pero que además amaba como el más apasionado forofo. Iba a ver partidos en campos ajenos por el puro disfrute de hacerlo, sin que hubiera ningún motivo profesional.
Una noche volvimos a su casa en Sitges a la 1.45 de la mañana. Estaba agotado. Había sido un día largo. El Barça jugaba contra el Madrid en menos de 48 horas. Pero se quedó despierto hasta las 2.25, hora en la que pasaban en televisión los resúmenes de un par de partidos (de poca trascendencia, recuerdo) que se habían disputado esa noche en Inglaterra.
Murió el viernes por la mañana. Desde el lunes había estado en la cama, agonizando. ¿Pero qué hizo el domingo? Fue a un partido. Un partido benéfico, en su honor, para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer. Fue en Saint James Park, el estadio del Newcastle, el equipo que iba a ver jugar con su padre cuando era pequeño. La ovación con la que le recibió el público cuando entró en un campo de fútbol por última vez, en una silla de ruedas, combinó afecto, orgullo y admiración. Hay muchas ovaciones en el mundo del fútbol. Pocas han sido tan merecidas como ésa.
miércoles, julio 22, 2009
Historias del Calcio. EL REFUGIO DE MESSINA por Enric González

No hay en Italia, ahora mismo, estadios como los de Sicilia. Rugen, sufren y gozan más que los otros. El San Paolo de Nápoles tiene un carácter similar, pero con el equipo en Tercera pesa sobre la grada la sombra de un luto. Palermo y Messina, en cambio, viven los mejores momentos de su historia. El Palermo le dio el sábado un baño al lujoso Inter y el Messina remontó ayer un 0-2 y empató con el Fiorentina de Prandelli, un equipo elegante y prometedor.
El fútbol siciliano nunca lo ha tenido fácil. El grito feroz, "¡terroni!", con que se acoge en los estadios del norte a los equipos del sur, se complementa en su caso con inevitables invocaciones a la mafia y a la tradición sangrienta de la isla. Claro que hay mafia en Sicilia. Mucha y aparentemente eterna. Y a los mafiosos les gusta el fútbol. Claro que les gusta.
Que se lo pregunten a Giuseppe Morabito di Africa, uno de los grandes capos de la mafia calabresa. Morabito fue perseguido por los carabinieri durante 12 años, sin éxito. Se sabía que su refugio estaba en la zona de Aspromonte, pero no había forma de localizarlo. Hasta que un policía listo ató cabos. El nieto preferido del jefe mafioso, un chaval llamado Giuseppe Sculli, jugaba bien al fútbol y formaba parte incluso de la selección italiana sub-21. ¿Cómo podía Morabito, un apasionado del fútbol, resistir la tentación de asistir a los partidos del muchacho? De forma discreta, varios agentes se hicieron seguidores fieles de Sculli y de su equipo, el Verona. Y la cosa funcionó. Morabito fue identificado entre el público y detenido el 18 de febrero del año pasado. A su nieto, joven promesa del calcio, se le vino el mundo encima: un abuelo es un abuelo, aunque se dedique a la extorsión y el asesinato.
El Juventus acababa de fichar a Sculli y se encontró entre las manos con un jugador deprimido y casi inservible. ¿Qué se puede hacer con un futbolista en estas circunstancias? Enviarle a Messina, porque allí tienen ya experiencia en estas cosas. Sculli, un delantero finísimo, se ha incorporado esta temporada al equipo local. A sus espaldas tiene un centrocampista casi de su edad, Gaetano d'Agostino, con más complicaciones familiares que las del propio Giuseppe Sculli.
El centrocampista es hijo de Giuseppe d'Agostino, un arrepentido de la Cosa Nostra que colaboró con los fiscales anti-mafia y sobre el que pesa, por tanto, la condena a muerte de sus antiguos colegas. Las condenas mafiosas se extienden a la familia inmediata. Eso obligó al hijo futbolista a dejar Sicilia y a instalarse en la capital, donde a la policía le resultaba más fácil protegerle. El Roma le contrató, pero no es fácil jugar con soltura cuando debes entrenarte solo, con una escolta permanente y con miedo a que detrás de la próxima esquina te espere un sicario para arreglar cuentas. D'Agostino no hizo nada en Roma. A mitad de la pasada temporada le llamaron del Messina, y no dudó. Regresó a la isla, convencido de que el calor de los aficionados constituía la mejor protección, y en pocas semanas alcanzó la titularidad. Volvió a jugar estupendamente. Como Sculli ahora.
Nunca se sabe cómo acaban estas historias. Por ahora, todo va bien. El público del estadio San Filippo les mima y los dos refugiados, el nieto del mafioso y el hijo del arrepentido, gozan con el balón. Seguiremos informando.
domingo, junio 28, 2009
MEDIÁTICOS por Carlos Boyero

Aplican calificación tan esotérica a un individuo de expresión grimosa, abrumadoramente consciente de que las cámaras van a publicitar sus gestos hasta el extenuamiento, un niñato con tanta habilidad en los pies como sequía de neuronas en su cerebro. Se llama Cristiano Ronaldo, e imagino que acceder a ese negocio denominado Real Madrid está en función de comprar al mediático, de crear ilusión en el socio. Tarea inútil. Sólo ha existido un modelo estético y ético (incluyo el cabezazo al ogro Materazzi) llamado Zidane para justificar la ilusión de ir al Bernabéu.
Me cuenta un periodista deportivo, el fulano más ingenioso y divertido que he visto delante de una cámara y de un micrófono (no puedo por la confidencialidad dar su apellido, pero juro que se relaciona con el Tíbet), que el niñato Cristiano Ronaldo, percatándose de que al cabecear un balón se le había jodido la imagen, fue al banquillo, pidió que le echaran fijador y le arreglaran el peinado. Me lo creo. Yo quiero que Cruyff entrene al Madrid, que Messi sea su símbolo. O sea: "Seamos realistas, pidamos lo imposible".
lunes, junio 01, 2009
TORINO, EL FRACASO Y MINIBERLUSCONI por Enric González
Aún dolorido, Forza Toro! y ¡Viva el Betis!, manquepierda y libre.
Fin de temporada

Urbano Cairo logró el enésimo ascenso al primer intento y, mal que bien, mantuvo al equipo en la Serie A. Lo hizo recurriendo al manual del Barça, pero leyéndolo al revés: ¿cantera?, ninguna; ¿estilo?, ninguno; ¿fichajes?, muchos y disparatados; ¿técnico?, cualquiera que soporte al presidente. O sea, que el Torino tonteó con el descenso en cada temporada.
Hasta ahora. Este año se han cumplido 50 años de la tragedia de Superga y el Torino ha conmemorado el doloroso evento de la manera más apropiada: con un dolor añadido. En la penúltima jornada, cuando ya estaba claro que todo se decidiría en la última, la de ayer, el equipo enloqueció. Tras el partido contra el Genova, los jugadores montaron una fenomenal trifulca, por la que fueron sancionados siete titulares. Como tenía otros cuatro lesionados, acudió al encuentro decisivo, ante el Roma, con una formación inédita y con varios juveniles.
lunes, mayo 25, 2009
UNA VUELTA AL ESTADIO OLÍMPICO por Enric González

El Olímpico recuerda la final de la Copa de Europa de 1984, que el Roma jugaba en casa frente al Liverpool y perdió en los penaltis: el lugar es experto en decepciones. Recuerda también la final del Mundial de 1990, la más indigesta de todos los tiempos (Alemania, 1; Argentina, 0). Y, por supuesto, los clásicos tremebundos entre el Lazio y el Roma. Ha trasegado decenas de partidos de abordaje, cuchillo en boca y cuerpo a cuerpo. Tras un derby de 1971, el entonces director del Corriere dello Sport, Antonio Ghirelli, resumió en pocas y entusiásticas palabras el espíritu dominante: "Ha sido un gran derby: feo, raro, malparido, pero grande".
Habrá quien, ante los mármoles y las estatuas, invoque a los gladiadores. Seguro: "La final de los gladiadores". No nos equivoquemos: el Foro Itálico, que incluye el estadio, nació como Foro Mussolini y sólo en los sueños fascistas tiene algo que ver con el antiguo imperio. Resultan lógicos, por tanto, la estética general, el monolito dedicado a Mussolini y los mosaicos con la inscripción Duce, Duce, Duce. La evocación fascista liga con el pasado de los dos inquilinos habituales. Especialmente, contra lo que habitualmente se supone, con el del Roma. Nadie es responsable de su nacimiento, pero el Roma fue el resultado de una orden de Mussolini. El dictador, que procedía del norte, se esforzó en equilibrar el país mejorando el nivel del sur: saneó los territorios pantanosos, impulsó la agricultura y mejoró los ferrocarriles. Fallaba el fútbol: Roma, capital del imperio que soñaba el Duce, no ganaba ni a tiros. La SS Lazio, una sociedad fundada en 1900 por un grupo de burgueses entusiasmados por los ideales olímpicos (de ahí, los colores blanco y azul celeste, los de la bandera griega), se veía incapaz de competir con los equipos de Turín, Milán o Bolonia. ¿Solución? Fusionar a todos los equipos que jugaban en Roma.
El Lazio, respaldado por un jerarca del régimen, se negó. Y de la unión de todos los demás, empezando por la Ginnastica Roma, en 1927 surgió la AC Roma. De ahí surgió también la mala fama del Lazio, acusado de orgullo e insolidaridad por negarse a fundirse con el resto. Poco a poco, la propaganda romanista creó el estereotipo del laziale ajeno a la ciudad, procedente de los suburbios o de los pueblos de la provincia. Y empezó a apodar burini, catetos, a los aficionados blancocelestes.
Como se ve, la mala sangre entre romanistas y laziales viene desde siempre. En pocas ciudades se viven los clásicos con el encono de Roma. Cuesta pensar que toda esa bilis no se haya filtrado, año tras año, en las piedras del estadio. La bilis y también las lágrimas porque no es raro salir llorando del Olímpico: basta con acudir a un derby, o a un Roma-Nápoles, o a un Lazio-Livorno, o a un Roma-Juventus. Lo más normal, tras esos partidos, es que un sector del público remate la jornada atacando a la policía y que la policía responda con gases lacrimógenos. De ahí, lo de salir con llanto.
Ocurrirá otra vez el miércoles. No por los gases, esperemos, sino por el orden natural de las cosas: conviene recordar que las finales están hechas para llevar hasta el éxtasis a la mitad de los espectadores y para dejar hecha polvo a la otra mitad.
lunes, mayo 18, 2009
SI ES EL BALÓN, PACIENCIA por Enric González

Nereo Rocco (1915-1979) nació y murió en Trieste, territorio fronterizo del imperio austrohúngaro. Su padre se apellidaba Rock y era un vienés de buena familia, pero se mudó a Trieste por amor a una bailarina y acabó estableciendo una carnicería. El fascismo impuso la italianización de Rock y le convirtió en Rocco. Lo que no cambió fue el oficio de carnicero: el joven Nereo adquirió un físico hercúleo cargando canales y despiezando vacas y cerdos y siguió con los canales y los despieces en su época de futbolista. Le avergonzaba, sin embargo, que sus compañeros de equipo le vieran con el mandil ensangrentado.
